Revista Mía

Rumores, rumores... en la oficina

Se extienden como un virus en épocas de crisis. Provocan desconfianza y temor a perder el empleo y nos roban horas (y energías) para trabajar.

Se extienden como un virus en épocas de crisis. Provocan desconfianza y temor a perder el empleo y nos roban horas (y energías) para trabajar.

Se pierden entre 2 y 3 horas de la jornada

Los rumores que circulan en los centros de trabajo pueden hacer perder entre dos y tres horas de jornada laboral a los empleados, según un estudio de la consultora de Recursos Humanos Ábaco Siglo XXI.  Tanto es así que, en situaciones complicadas como Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) o suspensiones de pagos, la productividad de las empresas puede verse mermada en un 50%. Pero no todos los rumores son perjudiciales, según las conclusiones de este estudio: “la comunicación informal es importante para crear equipo pero siempre que se dé en su justa medida”.
En definitiva, “la información en la empresa debe ser transparente y circular libremente, ya que promueve la integración de los empleados y crea un clima de confianza. Además, ayuda a reducir los rumores y con ello la pérdida de productividad”. Cuando se toman decisiones en función de informaciones no compartidas es cuando se da pie a elucubraciones. Por eso, además de la transparencia en la comunicación, los directivos deben dar las noticias tanto si son buenas como si son negativas, con la misma rapidez y claridad. Hay que tener en cuenta que los rumores negativos circulan mucho más rápido y de forma más  impactante que los desmentidos positivos, por lo que resulta necesario insistir más en la información seria y auténtica, ya que ésta circula con menor celeridad.
¿Qué se aconseja, pues, para no dejarse llevar por la rumorología cuando ésta se produce?
-Cortar la inercia. Transmitir la idea de que una historia, aunque sea contada con cuidado, tiende siempre a deformarse.
-Atender a la credibilidad de la fuente. Buscar de dónde viene la información y comprobar su veracidad. Evitar el secretismo que va difundiendo como veraz una serie de datos que la mayoría de las veces nadie ha ratificado.
-Disminuir la ambigüedad de la situación. Valorar las consecuencias negativas de propagar o no una información poco contrastada; concretar a quién darla y cómo hacerlo y calcular las implicaciones que puede tener para el grupo la difusión de una noticia no confirmada.

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