Revista Mía
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Cómo elegimos pareja según la teoría evolutiva

Son muchas las investigaciones que cada día nos sorprenden con un hallazgo, teóricamente nuevo, sobre las relaciones de pareja. Pero son pocas las que contemplan la mente humana desde una perspectiva evolutiva.

Autor: D. Conquero
Son muchas las investigaciones que cada día nos sorprenden con un hallazgo, teóricamente nuevo, sobre las relaciones de pareja. Pero son pocas las que contemplan la mente humana desde una perspectiva evolutiva.
O, lo que es lo mismo, que no tienen presente que nuestros circuitos neuronales han sido diseñados por la selección natural para resolver los problemas a los que antes se enfrentaron nuestros ancestros. Hacerse con alimento, buscar aliados y, por supuesto, conseguir pareja son algunas de las cosas que ponen en marcha estos mecanismos atávicos que llevamos grabados en nuestro cerebro y que, vistos con ojos actuales, nos resultan muy primarios.
Pero hay que tener en cuenta que, aunque la selección natural está siempre en movimiento, las condiciones de vida actuales (ciudades, fábricas, viajes…), que tan naturales nos parecen hoy, representan menos de una milésima de la historia de nuestra especie, y la evolución necesita mucho tiempo.
Y ya que hablamos de parejas, y de teorías, podemos hablar de la teoría de la evolución convergente. ¿Quién no conoce a parejas que, con el tiempo, acaban por parecerse en la manera de hablar, de reír, de reaccionar en muchas situaciones?
Las experiencias compartidas a lo largo del tiempo tiene mucho que ver en ello. Así lo aseguran, al menos, sendos estudios de la Universidad de Michigan (EE.UU.) y de la de Liverpool (Reino Unido). En ellos se analizó las fotografías de parejas tomadas cuando acababan de comenzar la relación y 25 años más tarde: el parecido era obvio. Y, lo más interesante, cuanto más felices decían ser, más grande era éste.
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