Revista Mía

Rosa Parks: una mujer contra la segregación

En el día de la Mujer recordamos a una cuya valentía asombró al mundo por el simple gesto de negarse a hacer lo que injustamente se obligaba a hacer a los hombres y mujeres de su raza. Su ejemplo sirve de guía a millones de personas para defenderse frente a la injusticia, el racismo, la exclusión y la discriminación. El suyo fue un gesto sencillo que agitó las conciencias.

En el año 1955 Rosa Parks (Alabama, 1913) tenía 42 años. Era modista en Montgomery, pero además ejercía como secretaria y ayudante en la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color. Esta mujer negra desafió un día las leyes racistas de su país oponiéndose a levantarse de los asientos reservados para los blancos. Por aquél entonces las normas racistas impedían que blancos y negros nacieran en los mismos hospitales, que estudiaran en las mismas escuelas, que utilizaran los mismos servicios públicos y que los negros entraran en restaurantes de blancos.
El 1 de diciembre Rosa cogió un autobús público para volver a su casa, autobús que en esa época estaba señalizado con una línea: los blancos se sentaban delante y los negros detrás. Los negros, que suponían el 75 % de los usuarios de los autobuses, subían por la puerta delantera, pagaban y volvían a subir por la puerta trasera. Rosa se sentó ese día en los asientos del centro que podían utilizar si ningún blanco los necesitaba. En ese momento se subió un blanco y como el autobús se había llenado el conductor obligó a Rosa y a otros jóvenes negros a ceder su asiento. Rosa Parks no se movió. Parks confesó que ese día se sentía "fatigada y cansada, harta de ceder". Fue arrestada, pasó la noche en el calabozo y pagó una multa de catorce dólares.
A partir de ese día un joven Martin Luther King, un pastor bautista, organizó una serie de protestas contra la segregación que duró 382 días. Su comunidad comprendió que ese era el momento de rebelarse y organizó un boicot para que ningún obrero ni ninguna criada fuera a trabajar en autobús. Más de 50.000 personas se unieron a las protestas que terminaron con una resolución del Tribunal Supremo que legalizó los autobuses segregados en la ciudad. Una década después se consiguió que se eliminaran las escuelas segregadas, los autobuses, las estaciones y otras acciones que discriminaban a la comunidad negra.
La máxima de las marchas de protesta era "Mis pies cansados. Mi alma, ¡Liberada!". Un principio que resulta inspirador en un día como éste, el día de la Mujer. Acciones sencillas, pero extremadamente valientes como la de Rosa Parks nos ayudan a encontrar las fuerzas para luchar contra la desigualdad y la discriminación. Y conviene recordar en este día el Artículo 1 y 2 de la Declaración de Derechos Humanos:
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.
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