Revista Mía

¿Qué es la alimentación locavore y por qué va a dar que hablar?

El término locavore no es nuevo, pero se trata de una de las tendencias alimentarias que promete pisar fuerte este 2020.

La tendencia locavore, aunque nació hace ya 15 años en San Francisco, promete convertirse en la más sonada de 2020 a nivel gastronómico. Si eres de esos consumidores desengañados y comprometidos que han vivido el despertar de Matrix gracias al nutricionista instagramer Carlos Ríos y su realfood, prepárate para pasar al siguiente nivel. No solo querrás saber qué comes, sino de dónde viene lo que comes. Esa es la esencia de locavore, que viene de las palabras 'local' y 'devorador', y que en 2007 fue elegida palabra del año por el New Oxford American Dictionary.
El concepto va más allá, se trata de saber de dónde viene lo que comemos para que la elección sean productos de temporada y que vengan de un radio de no más de 100 o 150 kilómetros, en línea con los movimientos de las 100 millas y el de kilómetro 0. Esta iniciativa propone una dirección opuesta a la tendencia del mercado global, que permite consumir cualquier alimento en cualquier momento y lugar del planeta con los costes que eso conlleva. En paralelo al realfooding, el locavore es otro retorno a los orígenes, a volver a la huerta cercana, a comprar directamente a los productores locales, disminuyendo las visitas a las grandes superficies o renunciando a comer todo el año ensaladas con tomates, por ejemplo.
El precio de las llamadas food miles, que hablan sobre el impacto del CO2 del transporte o la huella plástica de los embalajes, también se reduciría contribuyendo a un modelo de consumo más ecológico para todos. Mientras al consumidor rural le resulta más fácil adherirse a esta tendencia alimentaria, internet juega su baza con los circuitos cortos para abastecer la demanda de los clientes de las grandes urbes, que acceden a los alimentos del campo de manera ágil y sencilla gracias a este medio.

Salud y conciencia medioambiental

Practicar el locavore es pensar también en la salud, ya que el consumo de productos locales y de temporada supone tomar alimentos que han sido recogidos en su punto idóneo de maduración y han recibido el procesamiento mínimo o nulo. Estas piezas ofrecen un valor nutricional más alto, son más organolépticas -son más susceptibles a despertar a los sentidos por su olor o aspecto-, son más frescas y ofrecen sabores más intensos. Además, con el valor añadido de la originalidad: cada cosecha, un sabor, un matiz, una experiencia en la mesa.
Lo natural genera confianza y el marketing lo sabe. Por eso, será cada vez más habitual encontrar productos, tiendas gourmets y restaurantes con el sello locavore, y será ardua la tarea de identificar a los auténticos locavore a pesar del bombardeo de estímulos publicitarios y en redes sociales. Por ejemplo, para que un restaurante sea locavore tiene que demostrar que realiza sus platos con al menos un 40% de alimentos kilómetro 0, es decir, de producción en un ratio de 100 kilómetros. Una buena manera de saberlo es averiguar si la carta del establecimiento es viva, que cambia los ingredientes de sus platos, sino sus recetas al completo, según la temporada. Además, el movimiento de alimentación locavore tiene una vertiente social importante. Al fomentar el consumo de productos locales, se favorece el mantenimiento de los empleos directamente relacionados con ese abastecimiento.
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