Revista Mía

Homenaje a María de Villota

Se la veía feliz. Acababa de casarse, iba a presentar su libro... Nos ha sobrecogido su muerte. María representaba como pocas mujeres el afán de superación y la lucha por hacer de la vida algo que mereciese...

Se la veía feliz. Acababa de casarse, iba a presentar su libro... Nos ha sobrecogido su muerte. María representaba como pocas mujeres el afán de superación y la lucha por hacer de la vida algo que mereciese la pena, por dignificarla. Os dejamos aquí la entrevista que nos concedió este verano.
"Gracias a la vida, que me ha dado tanto...”. Esta canción de Violeta Parra es el lema que aplica María. Con fuerza arrolladora y vitalidad a prueba de pesimistas, la que fuera piloto de Fórmula 1 disfruta de la vida desde ese 3 de julio de 2012 en que su coche de carreras se empotró contra la parte trasera de un camión en Duxford (Inglaterra). El fatídico accidente le produjo graves lesiones cerebrales y la pérdida del ojo derecho, pero ella, lejos de rendirse, se ha convertido en una nueva mujer con un propósito claro: ayudar. Y, así, sonríe mientras afirma que el gran regalo del accidente es el inmenso cariño de la gente.
¿Cómo te encuentras? Ha pasado un año, pero el accidente sigue en mis pesadillas. Me encuentro bien, aunque aún tengo dolores de cabeza, porque las cicatrices del cerebro tardan en cerrarse. El cráneo está consolidado, pero tengo que llevar casco incluso para jugar al fútbol... He perdido el olfato y parte del sentido del gusto.
¿Qué sentiste la primera vez que te miraste al espejo? Perdí mucha piel y mi cara era un poema. Era otra mujer, no tenía expresión, ni era simétrica... Llevaba 104 puntos en la cara y en la cabeza, además del injerto del ojo.
Pues ahora se te ve más guapa que nunca... ¿Tuviste suerte en las operaciones? Sí. La primera, de diecisiete horas, fue la que me salvó la vida. El médico de urgencias hizo un trabajo muy bueno, aparte de la calidad de piel que tengo por genética. Tengo cicatrices en la cara, en el cuello y en la pierna derecha; desde el tronco hasta la rodilla. ¡Pero no sabes el milagro que produce el maquillaje! (risas). Soy fan de sonreír, pero no tengo el nervio parietal frontal y no puedo subir la ceja. ¡Parece que me he puesto bótox! (risas).
Te has pasado la vida siendo la primera mujer en casi todo. ¿Esa fuerza te ha hecho tan positiva? Mi fuerza interior viene de mi familia. Mi madre es alegría, y mi padre, carisma y pasión. Esa mezcla me la infundieron desde pequeña; soy una guerrera que cree en los sueños. Me ha cambiado la vida, pero sigo viviendo con pasión; incluso más, porque soy consciente de la suerte que he tenido.
¿Qué consejos darías a otras mujeres? Hay que intentar mirar la vida desde otro prisma; sólo entonces se relativizan los problemas. Mis circunstancias actuales se dan porque he tenido la suerte de vivir una segunda oportunidad. A esas mujeres les diría que, aunque les cueste, sonrían.
¿En quién te has apoyado? En mi familia: mis padres, mis hermanos y mi novio (Rodrigo García Millán). Mis hermanos (Isabel, 36 años, y Emilio, 32) y yo siempre hemos sido una piña, y desde el accidente valoramos cada segundo juntos. ¡Y qué te voy a decir de Rodrigo! Sabía del amor, pero nunca supuse que era capaz de superar barreras tan fuertes. De golpe me quedé sin la baza de la feminidad, de la belleza... y tuve miedo de que se me escapara el amor. Ahora vivimos juntos y queremos llenar la casa de niños.
Antes, tus expectativas se dirigían hacia la Fórmula 1. ¿Cómo ves el futuro? Mi objetivo ya no es llegar yo al podio, sino elevar hasta él a esos héroes invisibles y anónimos que superan enfermedades, que son un referente para todos los demás. A partir de ahora, quiero dedicarme a los enfermos, la mujer y el motor.
De hecho, trabajas para la Fundación Ana Carolina Díez Mahou… Hago de altavoz de niños afectados por enfermedades neuromusculares mitocondriales, que no tienen cura. Javi, el hijo de mi primo Javier, falleció con tres años justo cuando yo salí del hospital. Y de repente te preguntas: ¿por qué yo sí he salido y Javi, un ángel, no? Cada vez creo más en el destino.
¿Te has vuelto más religiosa? Creyente siempre lo he sido. Después del accidente, creo que he perdido el ojo por algo más importante que conducir un Fórmula 1. Ahora saboreo todo más y más despacio, observando las necesidades de la gente que me rodea.
¿Qué aficiones mantienes? El deporte; antes entrenaba tres horas diarias en el gimnasio y ahora practico lo que me deja mi cuerpo, poquito a poco. Disfruto caminando y paseando a mi perro Morgan. Pero mi gran hobby es disfrutar de los míos.
¿Te has vuelto a poner al volante? De un turismo, sí, de un Fórmula 1, no. Pasar de nuevo el examen psicotécnico para el carné de conducir y coger un coche me emocionó.
Formas parte de la Comisión de Mujeres en el Deporte del Motor... Me sentí muy honrada cuando Michelle Mouton me nombró embajadora de esa Comisión, porque ella ha sido mi referencia en el mundo del automovilismo. En la Comisión luchamos para que una niña que siente pasión por los coches no crea que ese mundo no es para ella por ser mujer.
¿Qué tal te va en el equipo de Antonio Lobato? Muy bien, el ambiente es fantástico. A todos nos une un objetivo común: acercar al televidente toda la magia de la Fórmula 1.
¿Cómo consigues ser una chica tan fashion? No me queda otra (risas). Me raparon la cabeza y me veía la expresión tan dura que necesitaba sentirme más femenina, de ahí el cambio de imagen. Ahora me maquillo y me pinto los labios de rojo más de lo que lo había hecho en mi vida. Y el parche lo uso para conjuntar con la ropa. El color me hace verme más guapa. ¡Hasta tengo uno de lentejuelas!
¿Vas a operarte del ojo que te falta? No. Perdí el nervio ocular y los nervios de dentro se atrofiaron. Tampoco puedo abrir el párpado. Toda la zona está inerte, así que estaré con parche hasta que sea abuelita...
por_Maribel Escalona
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