Revista Mía
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Operación prenavidad: pon a punto tus pies en seis pasos

En este momento están cubiertos por calcetines y medias y eres consciente de que no pasan una ITV podal. Tranquila, estás a tiempo de ponerlos a punto para la Navidad.

En este momento están cubiertos por calcetines y medias y eres consciente de que no pasan una ITV podal. Tranquila, estás a tiempo de poner a punto los pies para la Navidad. Aquí tienes un relajante protocolo low cost con el sello home made.

1.Limpia y da forma

Desmaquilla las uñas en caso de que las lleves esmaltadas y córtalas rectas. “Es recomendable emplear un alicate mejor que la tijera (en los pies, las uñas son más gruesas y precisan una herramienta que no las traumatice ni las agriete)”, explica Marilar Rossell, podóloga del ICOPCV (Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana). Luego, suaviza esquinas y bordes para evitar que se claven. “Hazlo con una lima de polvo de diamante y pásala en una misma dirección, para evitar romper o rayar la uña”, dice Helena Liébanas, experta de Essie.
Cuida las cutículas. No las cortes (es un blindaje natural ante posibles infecciones). “Puedes ablandarlas con un producto específico, llevarlas hacia atrás empujando con un palito de naranjo y suavizarlas con un bastoncillo de piedra pómez o frotando suavemente con una toalla”, precisa la manicurista de Essie.
Crea una experiencia spa. Llena un barreño de agua tibia e incorpora unas gotas de aceite esencial, sales de baño o una tableta efervescente. Sumerge los pies y lávalos con jabón refrescante. Después, pasa un cepillo y retira cualquier residuo.
Acondiciona. Ha llegado el momento de eliminar las células muertas. Aplica el exfoliante dando un masaje circular con las yemas de los dedos. Aclara y seca muy bien. “Sobre todo entre los dedos, la humedad propicia la aparición de hongos y grietas”, explica la podóloga.
Pule las zonas resecas. Pasa la piedra pómez o un gadget de acción pulidora y repasa las áreas rugosas. Para terminar, haz un limado general, pero ten cuidado con la planta. “Una excesiva fricción irrita la piel y produce una sensación de quemazón muy desagradable”, dice Rossell. Vigila lesiones y engrosamientos. Si en este repaso general detectas callos, verrugas o una protuberancia sospechosa, no las toques y pide consejo al podólogo.
Hidrata a conciencia
Acude a un bálsamo emoliente que contenga urea, ácido salicílico o manteca de karité. “Pon una gota en empeine, talón, planta y en el inicio de los dedos (evita que la crema quede depositada entre estos: favorece la proliferación de gérmenes) y extiende con un masaje”, comenta Rossell. Si puedes alargar la sesión, ponte calcetines reparadores (se venden así) o unos de algodón.
Es momento de atacar problemas concretos y de evitar daños colaterales. Empieza por las uñas. “Afina su superficie con un taco pulidor y pon el tratamiento que necesiten: fortalecedor, blanqueante, alisador, vitamínico...”, explica Liébanas.
Controla la sudoración
Aunque el mal olor no aparece hasta que las bacterias se descomponen, es mejor prevenir que curar. Utiliza un antitranspirante específico, que siempre debe usarse sobre los pies limpios y secos.
Descarga las tensiones. Hay diferentes opciones económicas y fáciles, y no son el automasaje de siempre. "Haz rodar una pelota de tenis con la planta del pie”, dice Laura Coloma, licenciada en cirugía y especialista en medicina natural. ¿Necesitas descontracturar los dedos y evitar que se conviertan en ‘garras’? “Ponte de puntillas (acuérdate del relevé  que ejecutan los bailarines) y, para fortalecer el tobillo y los tendones, describe círculos moviendo el tobillo. Hazlo primero en un sentido y después en el otro repetidas veces”. ¿El mejor broche final? Termina separando los dedos de los pies usando los de las manos como si fueran un abanico.
Crea un esmaltado flexible. Extiende una fina capa de producto, empezando cerca de la base, desde el centro de la uña hasta la punta, y después pasa por los laterales. Deja secar muy bien antes de poner una segunda mano más generosa y repasa el borde con el pincel, para sellar. Termina siempre con un finalizador o top coat (no tiene por qué ser un insulso brillo) para crear una cobertura perfecta y evitar que el tono se desgaste
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