Revista Mía

Lo que debes de saber de Shirley MacLaine

Actriz estadounidense, de las pocas que han envejecido en pantalla. Tubo cinco nominaciones al Oscar y se lo llevó por La Fuerza del cariño (1893).

Actriz estadounidense, de las pocas que han envejecido en pantalla. Tubo cinco nominaciones al Oscar y se lo llevó por La Fuerza del cariño (1893).
Es tan fantástica como una bola de nieve. Y se la debería poder agitar para que algo de su magia, de su mirada alucinada, nos cayese por encima; seríamos más felices y alocados, y nos referimos a esa locura capaz de perseguir los sueños. “Todos somos productores, directores y estrellas de nuestros propios dramas o comedias a diario”, dice. ¿Quién no desea a veces cambiar el guión de su vida? ¡Ah, dulce Shirley, stand by me!
Shirley MacLean Beaty (debe su nombre a Shirley Temple, ¿cómo no va a ser mágica?) nació en Richmond (Virginia) en 1934. De padres con orígenes ingleses, irlandeses y escoceses, por supuesto que la hermana mayor del actor Warren Beatty (ese ‘amigo de todas en Hollywood’ durante una época) es pelirroja y pecosa.

Quería ser bailarina

Obsesionada con ello, no faltaba a ninguna clase y tenía pesadillas recurrentes en las que perdía el autobús que la llevaba al estudio... Por ser la más alta de sus compañeras siempre hacía de chico; sin embargo, un día consiguió interpretar al hada madrina de Cenicienta.
Antes de comenzar la función, mientras calentaba entre bastidores, se rompió el tobillo. Sin más, se ató con fuerza los lazos de sus zapatillas de ballet y salió a escena. Después de acabar, llamó a una ambulancia. Eso es determinación.
Y también lo es darse cuenta de que no estaba a la altura de su sueño. No era una belleza exquisita, no tenía el tipo de cuerpo adecuado, ni el empeine ni el arco del pie muy altos, no quería renunciar a la comida (y apenas tenía dinero para ella)... Esta lista de ‘noes’ la empujó a decir ‘sí’ al teatro. Se marchó a Broadway.

Sus inicios...

Y, curiosamente, su primera oportunidad le llegó porque la actriz Harold Hayne se rompió el tobillo y ella la sustituyó. Entre el público se encontraba un productor de cine, Hal B. Wallis, que le propuso ir a Hollywood y trabajar para la Paramount. Así comenzó todo, con muy buen pie: su primer film (1955), Pero ¿quién mató a Harry?, lo dirigió Alfred Hichtcock, y luego vinieron títulos inolvidables como El apartamento (1960) o Irma la dulce (1963), ambos del gran Billy Wilder.
Íntima de Frank Sinatra y de Dean Martin, a los que describe como “dos italianos con mafiosos comienzos”, ha confesado haber estado enamorada del segundo sin llegar a nada (“era demasiado jovencita”, puntualiza). Hoy es una veterana, de las pocas mujeres a las que hemos visto envejecer en la pantalla; un puente entre generaciones. “Jennifer Aniston es una verdadera persona, lastimada por problemas reales. Meryl Streep es lo mejor que tenemos aun cuando a veces se nota que actúa. Y Nicole Kidman parece de otro mundo. Tan diplomática que debería dar clases al Gobierno. Terminé llamándola 'mi extraterrestre’”, explica. Y ella sabe mucho de hombrecillos verdes.
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