Revista Mía
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Lo que no sabías de Shirley MacLaine

Shirley MacLaine. Una actriz estadounidense, de las pocas que han envejecido en pantalla. Sus cinco nominaciones al Oscar: se lo llevó por La fuerza del cariño (1983).

Shirley, la dulce, Shirley MacLaine, una actriz estadounidense, de las pocas que han envejecido en pantalla. Tuvo cinco nominaciones al Oscar y se lo llevó por "La fuerza del cariño" (1983).
Es tan fantástica como una bola de nieve. Y se la debería poder agitar para que algo de su magia, de su mirada alucinada, nos cayese por encima; seríamos más felices y alocados, y nos referimos a esa locura capaz de perseguir los sueños. “Todos somos productores, directores y estrellas de nuestros propios dramas o comedias a diario”, dice. ¿Quién no desea a veces cambiar el guión de su vida? ¡Ah, dulce Shirley, stand by me!
Shirley MacLean Beaty (debe su nombre a Shirley Temple, ¿cómo no va a ser mágica?) nació en Richmond (Virginia) en 1934. De padres con orígenes ingleses, irlandeses y escoceses, por supuesto que la hermana mayor del actor Warren Beatty (ese ‘amigo de todas en Hollywood’ durante una época) es pelirroja y pecosa.
Quería ser bailarina. Obsesionada con ello, no faltaba a ninguna clase y tenía pesadillas recurrentes en las que perdía el autobús que la llevaba al estudio... Por ser la más alta de sus compañeras siempre hacía de chico; sin embargo, un día consiguió interpretar al hada madrina de Cenicienta. Antes de comenzar la función, mientras calentaba entre bastidores, se rompió el tobillo. Sin más, se ató con fuerza los lazos de sus zapatillas de ballet y salió a escena. Después de acabar, llamó a una ambulancia. Eso es determinación. Y también lo es darse cuenta de que no estaba a la altura de su sueño. No era una belleza exquisita, no tenía el tipo de cuerpo adecuado, ni el empeine ni el arco del pie muy altos, no quería renunciar a la comida (y apenas tenía dinero para ella)... Esta lista de ‘noes’ la empujó a decir ‘sí’ al teatro. Se marchó a Broadway.
Y, curiosamente, su primera oportunidad le llegó porque la actriz Harold Hayne se rompió el tobillo y ella la sustituyó. Entre el público se encontraba un productor de cine, Hal B. Wallis, que le propuso ir a Hollywood y trabajar para la Paramount. Así comenzó todo, con muy buen pie: su primer film (1955), "Pero ¿quién mató a Harry?", lo dirigió Alfred Hichtcock, y luego vinieron títulos inolvidables como "El apartamento" (1960) o "Irma la dulce" (1963), ambos del gran Billy Wilder.
Íntima de Frank Sinatra y de Dean Martin, a los que describe como “dos italianos con mafiosos comienzos”, ha confesado haber estado enamorada del segundo sin llegar a nada (“era demasiado jovencita”, puntualiza). Hoy es una veterana, de las pocas mujeres a las que hemos visto envejecer en la pantalla; un puente entre generaciones. “Jennifer Aniston es una verdadera persona, lastimada por problemas reales. Meryl Streep es lo mejor que tenemos aun cuando a veces se nota que actúa. Y Nicole Kidman parece de otro mundo. Tan diplomática que debería dar clases al Gobierno. Terminé llamándola 'mi extraterrestre’”, explica. Y ella sabe mucho de hombrecillos verdes.
Una curiosidad: Shirley es una apasionada de lo paranormal (sus íntimos aseguran que predijo el 11-S), según cuenta, su primera experiencia extraterrestre fue a los 18 años. “Un par de escuadrones de ovnis pasaron sobre el Capitolio y la Casa Blanca. Está documentado. Fue el 19 de julio de 1952. Y en México, donde vivo, vi muchas naves. Allí están por todos lados”. Cree en la reencarnación. “Pienso que he vivido en la Atlántida”.
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