Revista Mía

Leonora Carrington, la novia del viento

Leonora Carrington (1917-2011) fue una pintora, escultora y escritora irlandesa afincada en México; de las grandes artistas del surrealismo. Descubre más cosas de su vida.

Leonora Carrington (1917-2011) fue una pintora, escultora y escritora irlandesa afincada en México; de las grandes artistas del surrealismo. Se hizo famosa por crear un mundo propio en sus cuadros, con los que se enfrentaba a la sociedad de su época. “Muchas mujeres no han desarrollado su potencial por ser consideradas  inferiores”.
"Caballo, caballo, caballo...", repetía una y otra vez, como un padrenuestro pagano, cuando necesitaba contener las miradas de los demás como un dique. Porque tenía un alma indómita esta irlandesa de melena negra azabache, en lugar de pelirroja (hasta ese punto era rebelde).
Desde pequeña aseguraba que era una yegua: “la yegua de la noche”, decía tras las terribles sesiones de Cardiazol -un fármaco que actúa como el electroshock- a las que fue sometida en una también terrible clínica psiquiátrica de Santander. Incluso en esos momentos se oponía con todas sus fuerzas: “No voy a permitir que se posesionen de mí, no voy a permitir que me anulen”, le decía a la enfermera.
Y los mismos psiquiatras, con sus impolutas y asépticas batas blancas ‘inmanchables’ de realidad, reconocían su lucidez. “Hay algo que tengo que preservar adentro, algo que si dejo que destruyan no voy a recuperar”. Y, de nuevo, en un terrible de nuevo, estamos ante una mujer artista doblegada, cuya rebeldía y tenacidad en ser ella misma y seguir su camino es locura (¿cuántas pasarán por esta página?).
Una artista eclipsada por la sombra de su pareja. Esta vez, el pintor Max Ernst, con sus ojos azul pescado, por supuesto -él sí- un genio y su mentor. Pero Leonora no seguía a nadie: a los 16 años, en lugar de diario, escribía un manual de desobediencia.

Una vida diferente

“Ser joven, bella y rica es ciertamente un buen arranque en la vida”, escribe sobre ella Poniatowska, esa escritora de mirada sideral. Ciertamente.
Tenía la fuerza y seguridad que da pertenecer a una élite. Y también ese fuego eléctrico, como el de dos lascas entrechocando, que produce luchar contra el propio origen. Leonora (Prim, como la llamaban en casa y odiaba) nació en Lancashire (1917), en el seno de una millonaria familia irlandesa que tomaba puntualmente el té y no hablaba de sentimientos por considerarlo de mala educación. De los cuatro hijos, ella era la rebelde. “Lo que yo no quiero es lo que todo el mundo hace”, replicaba en casa. Imposible de doblegar, la expulsaron de varios colegios. Mientras saltaba de uno a otro, visitó Italia con su madre y descubrió la pintura: “Así quisiera pintar, así quisiera ser”.
Fue su madre quien le regaló un ejemplar de Surrealismo, el libro de Herbert Read ilustrado con el cuadro de Max Ernst Dos niños amenazados por un ruiseñor. El impacto fue brutal: “Nunca sabrás el regalo que me has hecho. Algún día veré el mundo tal y como Ernst lo pintó”.
Se conocieron en una fiesta en París. Renunció a todo por su libertad (Max la llamaba “la novia del viento”) y por él.
Ernst tenía 46 años, ella 17. Él estaba casado y tenía un hijo de su anterior esposa: ella lo ignoraba. Fueron felices creando y cuidando sus viñedos en St. Martin d’Ardeche, pero llegó la guerra y arrestaron al pintor.
El dolor desgarró a Leonora. “Su cuerpo histérico reaccionó contra el fascismo”, dice Poniatowska. Su padre la ingresó en España. Volvió a escapar y estuvo pintando y escribiendo hasta el final de sus días en México. Toda su inmensa audacia e inaudita belleza no caben aquí. Y eso está bien. “Caballo, caballo, caballo...”.
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