Revista Mía

Jessica Lange, la fama siempre llama dos veces

Jessica Lange es una actriz estadounidense, doblemente oscarizada: Tootsie (1983) y Blue Sky (1995).

Jessica Lange es una actriz estadounidense, doblemente oscarizada: Tootsie (1983) y Blue Sky (1995).
Escapar de las garras de King Kong (léase Hollywood) no lo hace cualquiera. Y más si eres guapa y rubia y, si antes de actriz, fuiste modelo; entonces, los estereotipos y prejuicios deben de picar como mosquitos con afilados aguijones de ‘no da la talla’, ‘sobreactuada’, ‘predecible’. Pero Jessica Lange ha sabido hacerlo. Y tal vez porque, como dice, Hollywood nunca ha sido su casa. “No lo considero mi mundo”, ha dicho. Esta rubia, esta mujer guapa, es libre. Inteligente. Y tan honesta como valiente. “Si no hubiera tenido hijos habría sido mejor actriz. Habría puesto toda mi energía en mi trabajo, investigando más, que en definitiva es lo que representa la interpretación. Pero no he podido hacer eso y he tenido que elegir y escoger entre los personajes que me ofrecían.
He sufrido mucho con mis decisiones, pero tengo a mis hijos y un trabajo que disfruto en la tierra encantada de Hollywood”. ¡A ver qué actriz hoy es capaz de decir esto!
Jessica Phyllis Lange nació en Cloquert (Minnesota) en 1949, hija de un ama de casa y un maestro y vendedor ambulante, por cuya profesión no paró de mudarse de un sitio a otro durante toda su infancia. Tras acabar el instituto, logró una beca para estudiar, en los hippies años sesenta, Arte en la Universidad de Minnesota.
Una de sus asignaturas era la fotografía, y la impartía Paco Grande, hijo del científico asturiano Francisco Grande Covián.  “A las pocas semanas de conocernos, él como mi profesor y yo como su alumna, decidimos viajar a Europa. Primero fuimos a España, a Madrid, a Andalucía y Asturias, donde vivía su familia. Luego viajamos a París en 1968, donde llegamos en plenas manifestaciones de mayo. Fue muy emocionante”, ha dicho de esa época. Terminó casándose con su profesor (1970), y en París asistió a clases de mimo, pero no es que quisiera ser actriz. Sólo quería hacer algo; buscar sentido. “De joven yo no quería ser actriz; ansiaba hacer algo, pero no sabía qué. Estudié mimo y cuando regresé a Nueva York, con 25 años, descubrí el teatro y me di cuenta de que actuar combinaba todo lo que amaba”. Y, sí, fue en la ciudad de los rascacielos, a la que llegó en 1973, donde comenzó a recibir clases de interpretación mientras trabajaba como modelo y camarera.
Su primera película, el remake de King Kong (1976), casi impide que comenzara su carrera: las críticas fueron tan feroces como las garras del gorila. Pero la fama, a los buenos, les da otra oportunidad. Y fue otro remake, el de El cartero siempre llama dos veces, en 1981, el que convenció a la industria cinematográfica de que, además de belleza, tenía talento. Al año siguiente, justo cuando se divorció del fotógrafo español y acabó su relación con el bailarín ruso Mikhail Baryshnikov, con quien tuvo a su hija Alexandra, Tootsie le valió su primer Oscar. Ese mismo año comenzó una relación con el polifacético Sam Shepard, su gran amor y padre de sus otros dos hijos, Hanna Jane y Walker Samuel. Él le regaló una Leica M6.  Jessica agudizó la mirada, ajustó el objetivo. Y comenzó otra historia.
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