Revista Mía

Amelia Earhart, la primera gran aviadora

Amelia Earhart fue una niña aventurera que se alistó como voluntaria en la guerra y pilotó su primer avión a los 23 años. Fue  la primera mujer en realizar la travesía del Atlántico en solitario, y por su desaparición cuando intentaba dar la vuelta al mundo.

Amelia Earhart fue una niña aventurera que se alistó como voluntaria en la guerra y pilotó su primer avión a los 23 años. Fue la primera mujer en realizar la travesía del Atlántico en solitario, y por su desaparición cuando intentaba dar la vuelta al mundo.
Fue una de las primeras mujeres en pilotar aviones y una heroína que protagonizó verdaderas hazañas, convertida en una leyenda tras su desaparición.
Amelia Earhart nació en 1897 en Kansas, en una familia acomodada que sin embargo no logró hacer de ella una ‘señorita’ al uso: desde muy pequeña, le gustaba jugar con los chicos y dedicarse a actividades poco femeninas, como trepar a los árboles, deslizarse peligrosamente en trineo o disparar con un fusil a las ratas.
Amelia soñaba con ser algo más que una ‘señora bien’ o una elegante esposa y madre de familia: coleccionaba recortes de prensa en los que se hablaba de las mujeres que, en aquel comienzo del siglo XX, empezaban a infiltrarse en mundos propios de hombres.
Durante la Primera Guerra Mundial, se alistó como enfermera voluntaria. Fue entonces cuando descubrió los aviones, que acababan de ser inventados.
En 1923, obtuvo su licencia de piloto y empezó a correr aventuras.
En 1928 cruzó el Atlántico desde Terranova hasta Gales, en compañía de otro piloto y de un mecánico. Sólo Lindbergh había realizado antes un vuelo tan largo. Y, por supuesto, Earhart era la primera mujer en hacerlo. Aquello la convirtió de inmediato en un personaje célebre, alguien a quien vitoreaban por la calle las gentes, entusiasmadas con las nuevas posibilidades que los aviones ofrecían y con la valentía de algunos pilotos, entre los que se contaba aquella dama con aspecto de muchacho.
Las hazañas prosiguieron: en 1932, cruzó de nuevo el Atlántico, esta vez en solitario. Fue un vuelo aterrador que duró catorce horas. A pesar de todo, no perdió el valor: en 1935 realizó la primera travesía de la historia sobre el Pacífico, volando de nuevo sola durante casi veinte horas.
Su afán de aventura terminó por costarle la vida: en 1937, cuando tenía cuarenta años, decidió dar la primera vuelta al mundo en avión a lo largo del Ecuador. Esta vez viajaba en compañía de un operador de radio. Tras varios días de vuelo, su aparato desapareció en medio de la niebla en algún lugar del Pacífico. La operación de rescate ordenada por el presidente Roosevelt no dio ningún resultado.
Amelia Earhart murió tal vez como deseaba, volando. Y cumpliendo además con lo que ella consideraba una obligación: “Las mujeres deben intentar hacer cosas como las que siempre han hecho los hombres”, le escribió a su marido poco antes de perderse para siempre con sus alas.
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