Comer insectos, ¡ya es una realidad en España!

4 minutos

Son baratos, muy nutritivos, fáciles de producir… Y una realidad que tenemos cada vez más cerca de nuestro plato: ya es legal comercializar insectos en España.

También te puede interesar: Hamburguesas y albóndigas de insectos, una realidad en Suiza
Comer insectos, ¡ya es una realidad en España!

Desde el 1 de enero la legislación española permite comercializar insectos. Una normativa que lleva varios años en vigor en algunos países de la Unión Europea y que plantea un reto importante para los consumidores: superar los prejuicios a consumir estos seres que nos dan más asco que otra cosa.

Lo que para España y para Europa, en general, es una novedad y causa mucho reparo, en zonas como Asia y México es una realidad común. No es raro ver en las calles de Bangkok puestos con insectos fritos espolvoreados con un poco de pimienta negra o con un toque de salsa de soja, y a muchas personas disfrutando de este manjar tan típico.

Los insectos forman parte de la dieta de casi 2.000 millones de personas en todo el mundo.

Una fuente de proteína de calidad

De hecho, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) calcula que los insectos se incluyen en la dieta de casi 2.000 millones de personas en todo el planeta.

Nadie cuestiona sus beneficios nutricionales, ya que son una buena fuente de energía, de proteínas, de aminoácidos, de ácidos grasos y son ricos minerales -como el cobre, el hierro, el magnesio, el selenio, el fósforo, el zinc…- y vitaminas.

De hecho, la FAO pone un buen ejemplo para ver sus beneficios nutricionales: el contenido en hierro de la carne de vacuno es de 6 miligramos por cada 100 gramos de peso en seco, mientras que el contenido en hierro de las langostas varía entre 8 y 20 miligramos por cada 100 gramos de peso en seco.

Por lo tanto, se presentan como una gran alternativa a las proteínas que proceden de la carne o el pescado ya que, además, su producción es ecológica y mucho barata que los anteriores. Para que nos hagamos una idea, con la cantidad de comida que se gasta en producir un kilo de carne de vacuno se pueden obtener 9 kilos de insectos.

Y, aunque para nosotros sea un tabú, no es ninguna novedad. En China los saltamontes se consideran un aperitivo gourmet desde, al menos, el año 628. La entomofagia (la ingesta de insectos en la dieta humana) es algo que no viene de ahora.

¿Superaremos nuestro asco a los insectos?

¿Superaremos nuestro asco a los insectos?

De acuerdo con una investigación de la FAO y la Universidad de Wageningen (Países Bajos) en el mundo se consumen 1.900 especies de insectos.

Los escarabajos son los más consumidos, un 31 %; seguidos por las orugas, un 18 %; las abejas, las avispas y las hormigas, llegan al 14 %, y los saltamontes, langostas y grillos, que se consumen un 13 %.

La pregunta es: ¿seremos capaces de superar este tabú? En occidente comer insectos supone un reto para nuestras costumbres. Estos animales nos producen una absoluta repulsión. Es una cuestión cultural, lo tenemos claro. Pero no va a resultar fácil hacer desaparecer esta resistencia.

Porque, pensándolo bien, tomamos con mucho gusto animales parecidos sin ningún tipo de asco, como cangrejos o gambas, pero plantear comernos una hormiga culona o un saltamontes nos da arcadas. Es así.

Aunque no lo sepamos, ya los consumimos

Sin embargo, aunque no somos conscientes, ya comemos insectos sin saberlo. Hay alimentos como el café, el cacao o la harina que los llevan triturados, en muy pequeña proporción, pero ahí están. En el caso del cacao o el café, el propio proceso de producción y elaboración hace muy difícil acabar totalmente con los insectos. Por lo que terminan estando en estos alimentos.

Con la harina ocurre algo parecido: hay un gusano llamado gorgojo que tradicionalmente está en el trigo y que suele dejar sus huevos en él. Cuando se muele para hacer harina, esos huevos vienen de regalo en el paquete que compramos en el súper. Por eso, si un paquete de harina pasa mucho tiempo en la despensa pueden aparecer bichitos diminutos en nuestra harina.

Y ahí puede estar la clave para introducir los insectos en nuestra dieta: camuflarlos para que no seamos conscientes de que los estamos comiendo. Es posible que sea menos problemático consumir harinas, barritas de proteínas o hamburguesas, como ya hace Suiza, con este ingrediente, que poner un plato de grillos frente a nosotros.

También hay muchos expertos que afirman que cada vez hay más curiosidad por la comida diferente y tenemos la mente más abierta. Tienen claro que ya hemos acabado con prejuicios culturales como comer pescado crudo. No hay que olvidar que cuando sushi aterrizó en occidente hace 30 años daba el mismo asco que probar un chapulín ahora.

Otra posible vía para introducir los insectos en nuestra dieta a corto plazo es que formen parte de la cadena de alimentación. Es decir, que se utilicen para producir piensos con los que alimentar animales. Una práctica que desde el pasado mes de julio se empezó a hacer con los peces criados en piscifactorías. La Unión Europea ya ha anunciado que en 2018 también se podrán dar de comer insectos a pollos y gallinas. Parece que los insectos han pasado de ser la comida del futuro a la comida del presente.

00:00

Continúa leyendo...

Contenidos similares

COMENTARIOS