Comerse la servilleta en un estrella Michelin o cómo un emplatado imposible puede jugártela

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Lo que todos en algún momento pensamos que podría ocurrir, se ha hecho realidad. Y lo peor: sabemos que no será la última vez. ¿La presentación de los platos se le ha ido de las manos a los chefs de alta cocina?

Emplatados imposibles de restaurantes con estrella Michelin

La actriz británica Tracy- Ann Oberman planificó una cena romántica junto a su marido en un sitio de categoría. Apostó por disfrutar de un restaurante Michelin y eligió el M.B. de Tenerife, del chef Martín Berasategui.

Lo que comenzó como una experiencia gastronómica de alto nivel, acabó con una anécdota que todos recordaremos durante algún tiempo. Y es que su marido, Rob Cowan, casi se come una servilleta húmeda pensando que era uno de los platos del menú degustación.

La actriz no dudó en tuitear la foto de la toallita de la discordia y una crítica a los emplatados imposibles de los restaurantes de altos vuelos.

Y, como suele ocurrir con estas cosas, de Twitter al cielo. El diario británico Daily Mail hizo de altavoz y los usuarios de las redes sociales, el resto del trabajo hasta convertirlo en viral.

¿Falta de experiencia o una presentación extrema?

En las redes sociales las opiniones fueron en ambos sentidos. Hay quien comentó que Rob pecó de ignorante y de falta de experiencia en este tipo de restaurantes, pero también hubo muchos tuiteros que opinaron que es algo más frecuente de lo que imaginamos y que esta tendencia a los emplatados imposibles es lo único que puede traer.

Y es que, es cierto, que ir a un restaurante de alta cocina puede llegar a ser un reto para los amantes de la gastronomía no iniciados: platos que no son platos, trampantojos que parecen una cosa y son otra, presentaciones alternativas y… servilletas colocadas en sitios que no deberían estar. No siempre se puede culpar al comensal.

Desde hace algún tiempo, la creatividad no solo está en la comida, sino también en las presentaciones, en las vajillas y en los utensilios en los que llegan las preparaciones a la mesa. Además, con el auge de los platos en formato “finger food”, hay pases de los menús degustación que se comen con las manos o con pinzas… Por lo que, si aparece una servilleta en tu mesa enrollada en un ‘plato’ de piedra, ¿quién te dice a ti que no es un papel comestible?

Cualquiera que haya visitado por primera vez uno de estos restaurantes habrá tenido más de una duda con respecto a qué se puede comer y qué no: ese marisco presentado sobre sal (¿la sal se come o no se come?), esas hierbas que acompañan mi plato, ¿son decoración o parte de la experiencia? Si me ponen una servilleta aromatizada con limón dentro de mi plato, ¿debo probarla? Son dudas que surgen más de una vez.

Es cierto que en estos restaurantes cuando te sirven el plato suelen indicarte la mejor forma de comerlo (con las manos o con cubiertos) y qué se come o qué no. Pero no es raro que el comensal se vea desconcertado en determinados momentos, incluso alguien que visite este tipo de restaurantes con frecuencia.

Preguntar siempre es la mejor alternativa, pero algunas personas se ven amedrentadas y no se atreven a formular la pregunta por miedo a que en el restaurante piensen que no tiene ni idea de cocina de vangurardia.

La inciativa “We want plates”

La iniciativa “We want plates” (“Nosotros queremos platos”), que acaba de publicar un libro con el mismo nombre y el subtítulo “la cruzada contra servir comida en pizarras, patatas en tazas y bebidas en tarros de mermelada…”), demuestra que son muchos los comensales cansados de esta tendencia y que estas situaciones ocurren más a menudo de lo que pensamos.

Y sí, en su web se pueden ver algunas de las presentaciones más extremas de personas que fueron a un restaurante a disfrutar de una comida y acabaron tomándose una sopa servida en un stiletto o cogiendo el pan de unas pantuflas.

Y en este momento, la pregunta que planea por la mente de muchos es la siguiente: ¿dónde está el límite? ¿En qué punto se cruza la delgada línea entre creatividad y esperpento gastronómico? Porque sí, la alta cocina es creatividad y, hoy en día, los chefs tienen a su disposición mil opciones para emplatar, desde las pizarras, que ya se están convirtiendo en opciones viejunas, hasta platos y cuenquitos de piedra con formas variadas. Sin embargo, ¿todo vale? ¿En realidad ir a comer a un restaurante tiene que ser una prueba de obstáculos para el comensal?

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