El consumo de carne roja, a debate: esto es lo que dicen al respecto los expertos

Profundizamos en sus beneficios e inconvenientes con rigor, en base a la opinión científica

Pexels
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¿Qué pensaríais si os dijera que el consumo excesivo de carne perjudica nuestra salud individual y también nuestro planeta?”. Estás son las primeras palabras de las declaraciones del ministro de Consumo del Gobierno de España, Alberto Garzón, en un vídeo en el cual el político aborda una cuestión que la ciencia, las instituciones sanitarias y políticas y los especialistas en medioambiente tienen en su agenda marcado en rojo desde hace tiempo.

También los dietistas-nutricionistas divulgan sobre ello a menudo y en cantidad. Sin embargo, ha sido el vídeo del ministro lo que ha disparado a la primera plana mediática esta cuestión en la que, con pausa, distanciamiento de la polémica y, sobre todo, rigor vamos a tratar de profundizar.

Las declaraciones de Alberto Garzón han llevado a buena parte de la clase política española a manifestarse en público acerca del consumo de carne roja. Hasta el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, preguntado sobre ello, ha dicho que para él “un chuletón al punto es imbatible”. Pero, como decíamos antes, para poder abordar la cuestión del consumo de carne roja desde el punto de vista de la salud nutricional y del cuidado del planeta, conviene alejarse de la política y acercarnos a la ciencia. 

En primer lugar, a modo de preámbulo, para dejar claro qué se considera carne roja, que es aquella carne procedente de mamíferos no procesada -esta se llama precisamente carne procesada o, popularmente, embutidos y fiambres-, por lo que no se incluye dentro de esta denominación a la procedente de las aves -pollo, pavo, pato, perdiz, etcétera- ni a la del conejo. La de cerdo, al ser un mamífero, sí es carne roja.  

La carne roja y la salud

Dejando a un lado la carne procesada, en la que el debate no existe porque incluso la población es consciente ya de que es perjudicial para la salud -se recomienda no tomarla en absoluto-, en lo referente a la carne roja, el consenso científico acerca de las consecuencias del consumo excesivo de carne roja también es amplio. Ojo, conviene remarcar el matiz de excesivo porque esta no es una cuestión de veganos contra omnívoros, sino de hábitos saludables. Y desde este punto de vista, la OMS ya dejó claro en el año 2015 tras un estudio del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), que depende de ella, que “el consumo de carne roja es probablemente carcinógeno -que puede provocar cáncer- para el ser humano”, y señaló entonces al cáncer colorrectal como aquel en el que más se apreció la relación. 

Además, el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer cifra en 3 raciones a la semana, unos 400 gramos cada 7 días, la cantidad máxima recomendable de carne roja en la dieta, mientras que AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición), organismo dependiente del Ministerio de Consumo de España, reduce todavía más la recomendación en la revisión y actualización de las Recomendaciones Dietéticas para la población española elaboradas por su comité técnico. “No más de 2 raciones/semana de carne roja”, dice exactamente el documento fechado a junio de 2020. En España, según datos del Informe del Consumo Alimentario 2020, el consumo medio es mayor a un kilo. 

Esta infografía del Harvard Medical School acerca de cómo debe ser “el plato saludable” también deja claro que se debe limitar el consumo de carne roja y procesada. El consenso institucional en este sentido, por lo tanto, es muy amplio, y no hemos querido hacer referencias de opiniones personales válidas, como las de aquellos miembros de la comunidad científica expertos en materia de nutrición que se han manifestado en reiteradas ocasiones acerca de la necesidad de reducir el consumo de carne roja para mejorar los hábitos alimentarios. 

Harvard Medical School
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La cuestión medioambiental

La salud del planeta es la segunda cuestión a la que apunta en su vídeo viral el ministro Alberto Garzón acerca del consumo “excesivo” de carne roja. Y, como en el caso de la salud personal, hay que decir que el consenso científico también es bastante amplio al respecto: el alto consumo de este tipo de carne tiene un impacto ecológico sobre la atmósfera y la biosfera

En ello incide, sin ir más lejos, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente del que ya hablamos recientemente cuando dos investigadoras españolas del CSIC presentaron una carne vegetal apta para el consumo. Dicho programa aboga por el consumo sostenible, que implica no solo reducir la ingesta semanal tal y como recomiendan los organismos expertos en salud, sino también en consumir carne procedente de ganaderías extensivas, que apuesten por una producción sostenible y no de cría intensiva. 

Además, es aconsejable según el mismo programa sustituir la carne roja por la blanca también por una cuestión medioambiental, ya que la producción de esta última también es menos agresiva que la de carne roja y, teniendo en cuenta que alrededor de tres cuartas partes del suelo de uso agrícola se destina a la producción ganadera, son muchos los expertos que vinculan al consumo de carne roja de forma indirecta (su producción es la causa) con al deforestación de pulmones naturales básicos para la salud del planeta como el Amazonas.  

En concreto, según este artículo para la Comisión Europea firmado, entre otros nombres, por Adrian Leip, la cría de animales para su explotación sería la responsable del 81% de la deforestación y del 61% de las emisiones efecto invernadero, entre otros efectos perjudiciales para el devenir del planeta.

Por este motivo, por citar una última fuente muy directa para toda la población española a modo de conclusión, el Plan 2050 del Gobierno de España recién publicado expone la necesidad de que la población española reduzca la ingesta de todos los productos de origen animal “en las próximas décadas”, también de pescado y carnes blancas, por ejemplo, aunque esta última sea una opción más recomendable desde el punto de vista medioambiental en relación a la carne roja. 

Este artículo científico elaborado por un grupo de investigadores pertenecientes a Red Remedia, que se ocupan al estudio de la mitigación del calentamiento global en la agricultura y ganaderías, es imprescindible, muy interesante si quieres profundizar en la  cuestión medioambiental desde un punto de vista técnico y riguroso. 

Conclusión: carne roja, ¿sí o no?

La recomendación pública es, como hemos visto de forma amplia, limitar su consumo, no eliminarla por completo, lo cual es una opción personal válida, por supuesto. Pero no sería justo no mencionar que la carne roja también aporta nutrientes beneficios para la salud, por lo que no todo son aspectos negativos en torno a este grupo de alimentos. La SEEN (Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición) indica que esta “Tiene beneficios nutricionales, por su contenido en proteínas de alto valor biológico, hierro, zinc y vitaminas del complejo B”, y hace hincapié en que “Es el patrón alimentario de forma global el que condiciona riesgos para nuestra salud”.

Por lo tanto, podemos concluir que por razones que tienen que ver con la salud personal y medioambiental el consumo de carne roja sí debe limitarse tal y como recomiendan numerosas instituciones autorizadas en la materia, de las que hemos referenciado una selección amplia a lo largo de esta pieza, pero no se trata de situarse en un bando u otro del debate, sino en un punto intermedio, el de la moderación y la limitación del consumo de este grupo de alimentos.

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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