Entrevista a Aitor Luna

Después de varios papeles principales, pero no de protagonista, por fin le ha llegado el momento de lucirse con El capitán Alatriste, en Telecinco. Lástima que la serie se haya estrellado en detrimento del programa estrella de la cadena: Gran Hermano.

Aitor Luna se parece a Alatriste en la austeridad, pero se reconoce tímido a la hora de enfrentarse a amoríos. “Soy un idealista”, asegura, y cree que es difícil que encuentre lo que busca; no tiene novia, claro. Hombre solitario como el capitán, reivindica los mimos de sus seres queridos. Natural, simpático y guasón -Virgo para más señas-, el actor que encarna en la serie de Telecinco al personaje creado por el escritor Arturo Pérez-Reverte se dio a conocer en Los hombres de Paco como el policía Montoya y luego fue Raúl Cortázar en Gran Reserva. Es el hermano mayor del también actor Yon González.Viggo Mortensen era hasta ahora el capitán Alatriste.

 

¿Te has inspirado en él?

AITOR LUNA: Soy doce años más joven que el Alatriste de las novelas. Fui al casting con la única motivación de que estaba Enrique Urbizu [director creativo de la serie], no pensando que el papel fuera a ser para mí. Fui a jugar y lo bordé. El haberlo hecho ya el genio de Viggo Mortensen en cine era un hándicap. Además, las novelas de Reverte son tan buenas y han sido tan leídas que también era un reto: impone meterte en la piel de Alatriste. Yo, con haberme convertido en el capitán, me doy por premiado.

 

La serie está supervisada personalmente por el autor de la saga, que ha reconocido que ya te ve a ti como Alatriste...

Me halaga y me enorgullece que Pérez-Reverte diga eso. Mi capitán es un hombre del que hay que tirar para que pegue un grito; está tan desencantado por lo que ha visto en la guerra, que no tiene palabras. Gran parte de la dificultad para interpretar el personaje la encontré en buscar el término medio entre las novelas y la serie. En televisión, el personaje habla más que en las novelas. Tiene dos amores irreconciliables: por un lado, la Lebrijana (Lucía Jiménez), que es lo más parecido al hogar que puede tener este hombre, y por otro, su amor imposible por María de Castro (Natasha Yarovenko). Es un quiero y no puedo, lo que le provoca desencuentros constantes. Estoy muy satisfecho de mi papel y del trabajo de todos mis compañeros.

 

¿Tú eres más idealista en amores?

A veces rozo lo naif. Creo en el amor que no entiende de tiempo ni distancia, pero es tan difícil que eso sea recíproco...

 

¿Cómo es tu chica ideal?

No tengo cánones. Que sea bien normal y que me quiera. Es un tema en el que estoy un poco escaldado. Soy un sufridor.

 

¿Te agobia el fenómeno fan?

Aspiro a salir por la calle tranquilo y que no me conozcan. Como no llevo el bigote de Alatriste, es difícil que me asocien [ríe].

 

Aprendiste esgrima para la serie. ¿Has recibido algún golpe? En la serie Gran Reserva te partieron la nariz...

Hemos rodado toda la serie en Budapest, en los famosos estudios Korda. Estuvimos 24 días seguidos dando una hora de clase cada día; ahora me manejo muy bien. Un día tuve un accidente, me clavé un gavilán de una espada y empecé a sangrar. Me hice un agujero en la mano, pero seguí como pude porque no podíamos parar la toma. Fueron fracciones de segundo, pero se me pasaron tantas cosas por la cabeza... Al final los espectadores ven la escena con el guante ensangrentado, pura realidad.

 

¿Te han quedado secuelas del accidente de moto que sufriste hace cuatro años?

He tenido cositas cuando empuñaba la espada y eso que ha pasado mucho tiempo, pero estoy recuperado.

 

Cuando hiciste la serie La fuga, te empapaste del ambiente carcelario. ¿De dónde has bebido para Alatriste?

Sobre todo, de las novelas de Pérez-Reverte: cuando me llamaron, me las ‘comí’ una a una. Fueron dos meses de locura absoluta, leía las novelas y pensaba: “¡Madre mía, dónde me estoy metiendo!”. Me leí las siete. Y en la comida en que conocí a Arturo tenía muchas preguntas, pero me olvidé de todas y me dediqué a escuchar. También he paseado e investigado por las calles de Madrid donde suceden las historias...

 

¿Quién crees que sería Alatriste en la España de Felipe VI?

No lo sé, imagino que un soldado raso viviendo en Carabanchel, en un piso de mala muerte. Alatriste, igual que yo, pasa de la política aunque tiene que sufrirla.

 

¿Sientes simpatía por algún partido político o algún movimiento social?

El 15-M me despertó todo tipo de simpatías, porque había que estar ahí apoyando y luchando por los pocos derechos que nos quedan, pero no me veo de Willy Toledo: no soy bandera de nada.

 

¿Fue casual que antes de irte a rodar a Hungría dejases tu casa en Lavapiés?

Cada vez soy más consciente de que se puede vivir con austeridad. Meses antes de que me dieran el papel, dejé mi buhardilla del barrio de Lavapiés y me fui a vivir con un amigo. Me deshice de todo, menos de mi Harley y de dos maletas. Y ahora sigo con una, viviendo en casa de mi hermano.

 

Has rodado junto a Yon González, tu hermano, el thriller Matar el tiempo, de Antonio Hernández. ¿Cuándo se estrena? No lo sé todavía. Hacemos de dos siniestros hermanos (Boris y Diego) que chantajean a un hombre de negocios con una cámara web. Mi personaje es un tipo bipolar, envidioso, fracasado, que intenta rascar de donde no hay. Rodé mi parte en cuatro días que me pude escapar de la grabación de Alatriste, porque más tiempo no podía faltar. Hacer Yon y yo de hermanos me apetecía muchísimo.

 

Dos actores en casa. ¿Qué profesión tienen tus padres?

Son obreros. Mi padre trabajó en Fagor y mi madre en lo que ha podido.

 

¿Estarías dispuesto a hacer un desnudo integral, como tu hermano en el filme Mentiras y gordas?

Si hay que hacerlo, se hace, por supuesto. No sería lo mismo, Yon es un figurín [ríe].

 

Tus ratos libres son para...

 

Depende del momento que atraviese. Cuando llegué de Budapest, pasé por un momento de bajón, llámalo cansancio o depresión. Me he dedicado a ver series y películas y también a leer. Prefiero las series americanas, porque se les dedica un tiempo y un presupuesto que en España de momento no es posible. Sin embargo, creo que aquí tenemos capacidad suficiente tanto artística como técnica para igualarnos. Y en cuanto a libros, ahora mismo recomiendo El contenido del silencio, de Lucía Etxebarria.

 

Por: Maribel Escalona.

Continúa leyendo