Entrevista a Carles Francino

El actor catalán, protagonista de series como Aguila Roja o Bandolera , nos habla de su vida profesional y familiar. ¡No te lo pierdas!

Tarraconense nacido en el municipio costero de Altafulla, lleva ocho años viviendo en Madrid y le encanta, pero echa en falta el mar. Tímido, de mirada penetrante y preciosos ojos azules (herencia de su abuela, dice), se declara buena persona y hombre agradecido.

 

A sus recientes éxitos televisivos suma ahora el rodaje de Rabia, serie de reparto estelar -Adriana Ozores, Malena Alterio, Fele Martínez, Paco Tous, Concha Cuetos...- que Telecinco estrenará este año.

 

¿Qué nos puedes contar de Rabia?

Carles Francino: Es una serie de ciencia ficción que, en cierto modo, tiene bastante que ver con la psicosis mundial que vivimos con el ébola. Un grupo de personas se ha contagiado de un virus peligroso y desconocido y ha sido confinado en un lugar oculto, cuya existencia es un secreto de Estado. Yo soy el líder de ese microcosmos, un personaje en la línea del Sawyer de Perdidos. También tiene puntos en común con The Walking Dead por el ritmo y el estilo, aunque aquí no hay zombis.

 

Eres Suso, un buscavidas...

Sí, es un personaje de carácter fuerte que tiene que tomar decisiones a su pesar y al que obligan a tomar el mando del grupo.

 

Tu anterior personaje, Víctor Ros, era un inspector de policía más parecido a un tipo duro que a Sherlock Holmes.

A diferencia de Sherlock Holmes (con quien tiene parecidos, ya que ambos son grandes investigadores, muy apasionados de su trabajo), Víctor es de clase humilde, de barrio. Y ese rasgo entra constantemente en sus conflictos de trabajo y también amorosos.

 

¿A cuál de los dos te pareces más?

Los personajes que desarrollo siempre tienen lógicamente una parte de mí, pero yo no soy un canalla o un cínico como Suso. Creo que soy mejor persona y más tranquilo [ríe]. Por otra parte, comparto la moralidad de Víctor Ros. El hecho de tener que encarcelar a alguien que ha cometido un robo por necesidad, por ejemplo, me supondría un dilema moral en la vida real.

 

Te seguiremos viendo en los nuevos capítulos de Águila Roja. ¿Qué nos adelantas de la próxima temporada? ¿Habrá acercamiento con Margarita?

Estoy muy feliz con Monseñor Adrián Vega, porque interpretar a un cura es un gran reto y hay mucho que trabajar. En los próximos capítulos se complica todo y el Cardenal tendrá que ver en la trama. Margarita intentará un acercamiento y tendrá una conexión extraña con mi personaje, en la que no se sabe muy bien por dónde van los tiros. Esta es una de las características de Águila Roja: jugar con los personajes para que el espectador tenga que estar ‘al loro’ continuamente.

 

¿Qué te ha enseñado la interpretación que no encontraste en los libros de Sociología, carrera que abandonaste?

Con la interpretación he aprendido todo lo que soy, porque va muy ligada al crecimiento personal. Estás constantemente rebuscando con tu cuerpo y tu alma, mueve muchas cosas dentro de ti.

 

¿De pequeño te gustaba el cine?

Me gustaba sobre todo el fútbol. Un día, me vieron jugar unos ojeadores del Espanyol y me quisieron hacer una prueba.

 

Pero ¿tú no eres del F.C. Barcelona?

Soy del Barça hasta la médula. No soy socio, aunque sí lo eran mis abuelos. Pero no soy ‘antinada’. Me gusta el fútbol, juego y me vuelvo loco. ¡Mi gran sueño sería jugar al fútbol con el Barça! [ríe].

 

¿Te sientes feliz siendo actor?

La gente de la profesión es tal vez lo que más me gusta. Del trabajo me gusta sobre todo el proceso, la parte en la que investigas, trabajas, te caes y ves a compañeros a los que les pasa lo mismo que a ti.

 

¿Te molesta que te reconozcan como hijo de tu famoso padre?

Antes no me gustaba ni que me acompañase al colegio; me daba vergüenza, pero ahora estoy encantado de ser ‘hijo de’. No soy un enchufado. Cuando empecé a hacer castings, siempre había esa curiosidad: “¿Eres hijo de...?”. Pues sí, es mi padre, y ya está. Él hace una cosa y yo otra. En temas de trabajo, pido más consejo a mi madre. Mis padres están separados hace años y cada uno tiene su pareja.

 

¿Algún sueño por realizar?

Se cumplen diez años desde que empecé a trabajar y solo puedo decir que tengo una flor en el culo, de tanta suerte que tengo [ríe]. Lo que quiero es seguir trabajando, agobiarme, relajarme, pensar que lo hago mal, creer que lo hago bien, que me feliciten, que me critiquen... En otro orden de cosas, que haya salud, que a los de alrededor no les pase nada y que sigan las cosas estando en su sitio. Y en general, que sonriamos un poco más en este país, que creo que lo hacemos poco.

 

¿En qué empleas tus ratos libres?

En pasear y dormir, más que nada, porque dedico doce o catorce horas al día a mi trabajo. También hago deporte: esquío desde pequeñito, corro, juego al fútbol, practico artes marciales... y en general todo lo que sea al aire libre.

 

¿Recuerdas el mejor regalo que te han hecho en tu vida?

Pues uno de los mejores fue, sin ninguna duda, poder tomarme cuatro días libres las pasadas Navidades para poder visitar a mi madre y a mi abuela en Barcelona y también a la familia de mi padre.

 

¿Alguna manía?

Soy obsesivo con el orden. Todo tiene que estar en su sitio, si no me pongo nervioso.

 

Una anécdota con las fans...

Hay de todo. Me llama mucho la atención que la gente me toque.

 

¿Tú no lo harías con tu ídolo?

Haría todo lo contrario. Sería como cuando te gusta una chica y no te atreves prácticamente a mirarla [ríe].

 

Pues te han comparado con Brad Pitt...

Recuerdo la primera vez que escuché una de esas comparaciones, hace ya unos añitos. Me enganchó. ¡Y eso que yo quería ser un actor alternativo! Y de teatro, nada de televisión. Gilipolleces, pienso ahora. Con el tiempo, uno se calma. Y si me dicen un piropo, sonrío y me dejo querer.

 

¿Te consideras una persona agradecida?

Sí lo soy, pero tengo que trabajar más en las demostraciones de cariño. Lo compenso sonriendo mucho, que es una forma de empezar a ser feliz.

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