Entrevista con Ángeles Caso

La escritora asturiana (Gijón, 1959) acaba de publicar Todo ese fuego, un relato sobre la vida de las tres hermanas Brontë. Hablamos con ella.

La escritora asturiana (Gijón, 1959) acaba de publicar Todo ese fuego, un relato sobre la vida de las tres hermanas Brontë. Hablamos con esta mujer comprometida y premiada (Fernando Lara 2000, Planeta 2009, Mejor Novela Extranjera en China 2011, Giuseppe Acerbi 2012, en Italia…).

 

"Tenemos un país en el que la cultura sigue siendo un adorno”

 

Desde Asturias, su patria querida, Ángeles Caso nos habla del oficio de escritora, de su compromiso social –ahora que ha dado un paso adelante en la política– y de las tres mujeres que protagonizan su novela: Charlotte, Emily y Anne Brontë. “Les he cogido un amor..., siento tanta ternura por estas tres mujeres que yo lo que quería en esta novela era darles un día de felicidad”, nos confiesa.

 

En la novela recreas la vida de las hermanas Bronte, ¿qué te fascinó de la historia de estas escritoras como para dedicarles un libro?

Ángeles Caso: El conjunto de la historia, pensar que tuvieron ese talento impresionante, que se vieron obligadas a desarrollarse a escondidas por las circunstancias de la época y que luego tuvieron este final tan trágico y temprano. Aunque el símil sea un poco cursi, es como si hubieran brotado tres flores bellísimas en un entorno raro en el que no se tenían que haber dado. Pero realmente cuando decidí escribir sobre ellas fue hace tres años, al visitar la casa en la que vivían. Me impresionó tanto ese lugar en ese paisaje tan duro, entre el cementerio y los páramos, que es ahí cuando se me despertó la necesidad de escribir la novela.

 

¿Te ha servido de excusa para hablar de la condición de la mujer en esa época?

Es que realmente todo lo que les ocurre a ellas tiene que ver con la injusticia de ser mujer en el siglo XIX. Eso te impacta muchísimo, porque ahora podemos leer Jane Eyre o Cumbres borrascosas y decimos “qué novelas más buenas” o “mira estos melodramas escritos por unas chicas”, pero claro, cuando sabes todo el esfuerzo y todas las complicaciones que hay detrás, esas novelas se convierten en un milagro. Y sí es muy desolador comprobar cómo era la vida de nuestras congéneres en aquellos tiempos y lo difícil que lo tenían las que no se adaptaban a las normas comunes de ‘me caso y soy madre’.

 

Parece que ser escritor es llevar una vida de penurias. ¿Lo vives así?

Yo siempre digo que los que nos dedicamos a esto tenemos una vocación que nos arrasa, que puede más con nosotros que cualquier otra consideración. Puedes pensar “voy a dedicarme a otra cosa que sea más fácil, que me dé más dinero”, pero luego esa necesidad de escribir puede contigo. Yo dejé un trabajo en la televisión infinitamente mejor pagado para dedicarme a la literatura, que es muchísimo más difícil, más frágil y con ingresos mucho menores.

 

¿El dinero es importante?

Decir que el dinero no importa es lo que se supone que es elegante, pero al final no es verdad. Para llevar una vida razonablemente digna en la sociedad en la que vivimos hay que disponer de unas cantidades que cuando no las tienes hacen que tu vida sea bastante miserable en todos los sentidos.

 

Cuando escribes, ¿desnudas tu alma, expones tu propia vida?

Sí, es inevitable. Yo sólo escribo una novela cuando siento la necesidad de escribirla, si no, no la escribo. Me he pasado muchos años sin plantear una novela porque no había una historia que fuese tan poderosa dentro de mi cabeza como para animarme a escribirla. Cuando escribes con esta actitud dejas muchos ramalazos de tu alma en tu obra, incluso en contra de tu propia voluntad o en contra de tu consciencia.

 

¿Cómo se pierde el pudor? Porque hay que perderlo en algún momento, ¿no?

A mí me costó muchísimo, esa fue una de las partes más complicadas del proceso, dar el paso a publicar, porque es cierto que te estás exponiendo mucho y muchas veces esa exposición se te vuelve en contra. De hecho, algunos críticos hacen con ella una pelota y te la tiran a la cara. Yo creo que al final lo que buscas es la comunicación con los demás porque, por muy buen escritor que seas, si tu obra está escondida en un cajón, hay una parte de la obra que no se completa.

“Decidí escribir sobre las hermanas Bronte hace tres años al visitar la casa en la que vivían. Me impresionó el lugar, ese paisaje tan duro, entre el cementerio y los páramos”.

 

Tu padre, que era un hombre muy culto, catedrático de Literatura, tenía una gran biblioteca. ¿La has heredado?

Algunas cosas sí, otras las heredó mi hermana, pero la biblioteca sigue estando en casa de mi madre.

 

¿Hay algún ejemplar especial?

Hay muchos. Leí mucho a los clásicos de manos de mi padre y además con la suerte de que nos acompañaba en las lecturas a mí y al resto de mis hermanos. Él podía darte a leer el Cantar de Mio Cid o el Lazarillo de Tormes pero no te dejaba sola, te explicaba y contextualizaba las obras.

 

¿Con tu hija, que ya tiene 24 años, también has ejercido ese papel?

De mi padre aprendí las mejores cosas de mi vida: el amor por el arte, por la literatura, la música, la naturaleza, el respeto a los principios... Toda una serie de cosas valiosísimas que por supuesto he intentado reproducir un poco con mi hija.

 

¿Te arrepientes de los premios? ¿Te han dado más satisfacciones o disgustos?

La verdad es que a día de hoy no lo sé, he vivido así; arrepentirse ahora no vendría muy a cuento. Desde el punto de vista económico, me permitieron seguir dedicándome a la literatura a pleno rendimiento.

 

 

“Que el día que me toque irme de aquí quienes me conocieron digan
‘esta mujer lo dio todo’. Esto forma parte de mi manera de entender la
vida”.

 

Ha sorprendido tu vertiente política, ¿por qué has dado este paso?

Yo simplemente apoyé la campaña electoral de la candidatura Somos Oviedo, y de cara a las generales no sé muy bien qué haré, seguramente estaré también apoyando. Siempre me ha preocupado el tema social, pero lo social depende de la política. He ido viendo estos últimos años el descalabro de los partidos políticos tradicionales, el descalabro de la democracia en España, y me veo obligada a participar. Me sentía cansada de sentirme víctima de los políticos y me pareció que tenía que pasar a la acción, aunque, de momento, no me planteo ejercer la política ni tener ningún cargo.

 

Hay que ser valiente para exponerse a la opinión pública, teniendo en cuenta el concepto que tenemos de los políticos.

Como ya estoy acostumbrada a vivir expuesta desde que tenía 24 años, pues este es un grado más. Y es verdad que se paga un precio. A mí me han cancelando trabajos y proyectos que estaban prácticamente cerrados antes de sumarme a la lista electoral y me imagino que hay gente que no va a leer esta novela porque me he unido a esta opción política. Yo en general no he sido una persona cobarde. Se paga un precio, pero he pagado tantos desde que era tan joven...

 

¿Las críticas ya no te hacen mella?

Cuando durante la campaña me criticaban en las redes sociales, la gente más cercana a mí estaba horrorizada y yo me reía y les decía “es que vosotros os estáis dando cuanta ahora, pero yo llevo viviendo esto durante muchísimos años”. Ahora me critican por esto, pero me han criticado y me han insultado por trabajar en la tele, en la radio, por escribir artículos, por escribir novelas, por decir tales cosas o por no decirlas. Pero creo que en la vida hay que ser generoso y, cuantos más años cumplo, más importante me parece. Que el día que me toque irme de aquí quienes me conocieron digan “esta mujer lo dio todo”, como dicen ahora los jóvenes en las discotecas. Quiero irme de aquí habiéndolo dado todo, esto forma parte de mi manera de entender la vida.

 

Recientemente hiciste públicos tus problemas con Hacienda, ¿por qué?

Me llamó una periodista y me vi obligada a contarlo para que no se utilizase en contra de la candidatura de la que yo formaba parte. Muchos de los autónomos de este país me entienden. Hubiera preferido no tener que contarlo, pero bueno, también creo que la gente tiene que saber la persecución que ha habido por parte de Hacienda contra escritores, no he sido la única, ni muchísimo menos. Es un intento de acallarnos, de silenciarnos, casi te diría que de cortarnos la cabeza. La gente no es consciente de lo que significa tener un tejido cultural que nutra un país. Lo importante que es. Tenemos un país en el que la cultura siempre ha sido una especie de adorno y sigue siendo lo mismo.

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