Entrevistamos a… Javier Cámara

Popular, simpático y versátil, este actor riojano (Albelda de Iregua, 1967) de 47 años vive su mejor momento. Javier Cámara ha triunfado en cine, tele y teatro, y tras un gran año en el que estrenó películas de Almodóvar, David Trueba e Isabel Coixet, ha ganado ¡por fin! el Goya por su intepretación en Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba (a la 6ª nominación al Goya al Mejor Actor, fue la vencida). Ahora, el viernes 25 de abril, estrena La vida inesperada y aprovechamos para hablar con él un rato.

Es un hombre reflexivo: cuando contesta, tiene las ideas muy claras. Está entre los actores españoles más cotizados y, una vez conseguido el cabezón (el Goya), también reconocidos. El ego no le juega malas pasadas, tal vez porque sabe lo efímero de la fama, aunque agradece las muestras de cariño popular. Él sólo aspira a trabajar y a disfrutar en esa búsqueda de nuevos personajes que le enriquezcan el alma. Dúctil y humilde con los directores, se atribuye pocos méritos, pero el público y los vecinos de su pueblo reconocen sin ambages su valía.

¿La vida es tan inesperada como se relata en tu última película?
La vida, además de inesperada, es un tobogán y una montaña rusa. En la vida se junta todo, lo bueno y lo malo. Tan pronto se muere alguien como nace. La vida es así, maravillosa, y hay que disfrutarla como viene, a tope.

Fuiste acomodador de cine y acabas de ganar un Goya. ¿Te has dejado mucho en el camino?
Sigo acumulando cosas. Voy recogiendo las piedritas que me encuentro; muchas me han ayudado, otras se han interpuesto en mi camino y otras las he sorteado. A veces me he caído y otras tantas me he vuelto a levantar. Desde el momento en que fui acomodador, me enamoré absolutamente de esta profesión.

De jovencito querías ser arqueólogo, pero suspendiste COU y eso te cambió la vida. ¿Te ves ahora en una excavación?
¡Un caso claro de vida inesperada! Me iría a una excavación un verano entero: me fascinaría visitar Atapuerca y conocer a Arsuaga y a su equipo. Artistas y arqueólogos tenemos en común el interés por el conocimiento humano, que es fundamental.

Dejaste tu pueblo primero y Logroño después para ir a Madrid, inducido por un profesor, Fernando Gil. ¿Qué vio en ti además de “un adolescente tímido, de ojos pequeños, juguetones y vivarachos”, como te ha descrito?
Imagino que vio que podía pertenecer al grupo de personas que se dedican a la creatividad. Cuando era mi profesor, pudo conocerme (éramos pocos alumnos) y me empujó a seguir este camino, y se lo agradezco muchísimo.

¿Te has planteado vivir en Nueva York, como tu personaje en La vida inesperada?
Trabajar en Estados Unidos es difícil. Los españoles, a priori, pertenecemos a un segundo o tercer mundo allí. Pero en Europa y en Hispanoamérica es mucho más sencillo, y me gustaría formar parte del cine de ciudades como París, Roma, Londres, Buenos Aires, México o Bogotá. No lo descarto.

¿Compensa abandonar familia, amor, amigos, raíces..., por una oportunidad de trabajo?
La búsqueda compensa siempre. Para emprender un camino tienes que renunciar, a veces, a personas y a cosas, pero otras te acompañan en el camino.

¿Te has movido alguna vez por ansia de triunfo?
Nunca. Siempre he tenido ganas de compartir mi trabajo con un grupo de actores, encima de un escenario. En un primer momento, sólo quería hacer teatro; el cine y la tele fueron ‘daños colaterales’ de algún pequeño triunfo en las tablas.

Empezaste en teatro con El caballero de Olmedo. ¿Tienes algún proyecto en este momento?
Siempre tengo proyectos, pero a cada uno hay que dedicarle mucho tiempo y yo no sé hacer dos cosas a la vez. No soy como las chicas, como Carmen Machi o Blanca Portillo, a las que siempre pongo como ejemplo, porque hacen cuatro cosas a la vez y todas bien. Pero no descarto volver al teatro. Lo necesito.

Rechazaste trabajar con Meryl Streep en El diablo viste de Prada (2006). ¿Por qué?
Hice las pruebas y me llamaron para irme a EE UU, pero tenía apalabrados otros proyectos en España. Ahora veo que debería haberme lanzado a esa aventura, pero no es el único tren que pasa.

Cuando se habla de tu filmografía, lo primero que sale a relucir es Pedro Almodóvar, pero al final has conseguido el Goya con David Trueba...
Hay un grupo de directores de entre 40 y 50 años (David Trueba, Isabel Coixet, Jorge Torregrossa, Cesc Gay, Pablo Berger) del que me siento muy cercano. Pero trabajar con Almodóvar fue una sorpresa, ¡y más todavía repetir con él hasta tres veces! Ojalá siga llamándome, porque es un maestro. Mi profesión está llena de regalos maravillosos.

Has repetido con varios directores. ¿Eres una persona fácil para trabajar con ella?
Soy dúctil. Sé que las películas son de los directores y que tú debes solucionarles un trabajo, y cuanta menos guerra des, mucho mejor. Intento tener las cosas claras, llevar el guión bien estudiado y hacer mi trabajo lo más sencillo posible.

Isabel Coixet dice que eres el actor masculino que mejor transmite sentimientos.
¡Qué bonito! Imagino que tiene que ver con mi personalidad, aunque conozco gente muy adusta que se transforma en el escenario. Soy popular por las series de televisión y siempre es un halago recibir cariño de la gente, pero intento que la opinión de los demás no me mediatice. El día que me crea que ya sé hacer las cosas, seguramente fallaré.

¿Qué sientes al tener una plaza gatuña [así llaman a los de Albelda, su pueblo] con tu nombre?
Me encanta que la plaza de los Héroes del Alcázar se haya transformado en la plaza de Javier Cámara. Pertenecían a una época ya extinta; los verdaderos héroes son la gente del pueblo. He vivido allí hasta los 18 años y cuando vuelvo me inundan los olores, los sabores, los rincones, las personas... Me emociona el cariño y el homenaje de mis paisanos.

¿Sigues manteniendo la casa familiar allí?
No. Mi padre falleció y mi madre se cambió a un piso más cómodo y más pequeño. La casa no era muy confortable para una señora que se quedaba sola.

Tienes fama de buen cantante. ¿Te gustaría interpretar un musical?
Me parece complicado, pero es un reto precioso para un actor. Supongo que, como les ha pasado a Pepe Sacristán o a Carlos Hipólito, algún día un loco te ofrece un proyecto así y tienes que ponerte las pilas.

No te gusta hablar de ti, porque dices que el actor debe alimentar el misterio...
Es como entiendo la profesión. Conozco a algunos actores que cuentan tanto de su vida que ya no son creíbles, hagan el papel que hagan. Por eso pienso: cuanto menos sepan de mí, más se creerán mis personajes. La vida de uno, además de privada, es a veces muy aburrida.

Acabas de rodar un corto en favor de Oxfam Intermón. ¿Qué significa la Tasa Robin Hood?
Promueve la adopción de medidas fiscales en Eu- ropa para luchar contra la pobreza. Toda esa gente de los bancos que no tiene voz ni cara concreta, pero que pasa el tiempo jugando con el dinero de los demás, debería pagar un porcentaje de esas transacciones para que la pobreza se acabara.

¿Cómo disfrutas de tu tiempo de ocio?
Ahora mismo, viajando, haciendo turismo mientras promociono las películas que he rodado el último año: Vivir es fácil..., Los amantes pasajeros, Ayer no termina nunca y, ahora, La vida inesperada. No paro de hablar en inglés y en otros idiomas, intentando que el cine español llegue a todas partes. Estoy disfrutando de una serie de países que de otra forma no hubiera conocido.

Estás rodando la película Perdiendo el norte, de Nacho G. Velilla. ¿Por qué o por quién lo perderías tú?
Por mí mismo; no tiene que venir nadie a provocarme. Y sobre todo por cumplir un sueño, aunque el mío se está cumpliendo poco a poco.

BIOGRAFÍA EXPRÉS
-Siete vidas (1999-2001). Esta divertidísima serie de televisión lo lanzó a la fama. Estuvo tres temporadas en ella.
-Almodóvar (2002). Hable con ella fue su primer film con él. Luego, La mala educación y Los amantes pasajeros.
-Versátil. Ha hecho drama (Lucía y el sexo, Los girasoles ciegos), comedia (Torrente), cine épico (Alatriste) y películas tan inclasificables como la gran Torremolinos 73.
-De estreno. Ahora estrena La vida inesperada, rodada en Nueva York junto a Raúl Arévalo.

Por: Maribel Escalona.

Continúa leyendo