Graça Machel, la heredera de Mandela

Y no pensamos en los bienes materiales, sino en el legado personal del líder sudafricano, pero la tercera esposa de Madiba, es, sobre todo, ella misma.

Y no pensamos en los bienes materiales, sino en el legado personal del líder sudafricano. Pero la tercera esposa de Madiba, su último gran amor es, sobre todo, ella misma.

El viejo tópico de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer no se cumple con ella. Y tampoco la previsible comparación con Jacqueline Kennedy (se la ha llamado "la Jacqueline Kennedy africana"). Porque Graça Machel no ha estado a la sombra de Madiba,  sino justo a su lado, en una lucha paralela. Y -precisamente- fue su compromiso social el que la rescató de la vitrina de los iconos a la que la muerte en 1986 de su primer marido -el presidente mozambiqueño Samora Machel- iba a relegarla.

 

Esta mujer, que sólo en escasas ocasiones ha hablado de Mandela -seguramente para no empañar sus propias reivindicaciones sociales- es, como él, una luchadora infatigable por los derechos sociales, especialmente por los de los niños y las mujeres. De hecho, "por su trabajo en defensa y por la dignidad de la mujer" recibió en 1998 el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, junto con Emma Bonino y Rigoberta Menchú, entre otras.

 

Hacerse preguntas

A diferencia de Mandela, de ascendencia noble, los orígenes de Graça Simbine -su apellido verdadero- son campesinos. Nació en Mozambique, en 1946, cuando el país aún era una colonia portuguesa. Su padre, un ministro metodista que apenas sabía leer y escribir, murió antes de que ella naciera e hizo prometer a su madre que le daría una buena educación.

 

Algo que fue posible gracias al tesón de la familia y las becas. "Yo fui una niña pobre que consiguió ir al colegio porque todos sus hermanos trabajaron para que se educara. Después, una beca de la Iglesia Metodista me permitió ir a Portugal a estudiar en la universidad".

 

En Secundaria era la única negra en una clase de 40 alumnas blancas. Fue el detonante de su lucha: comenzó a hacerse preguntas. "¿Por qué me tengo que sentir extranjera en mi propio país?".

De guerrillera a primera dama

Tras licenciarse en Filología Germánica en Lisboa, regresó a Mozambique en 1973. Se dedicó a la enseñanza con el firme compromiso de liberar y educar a los suyos, pero dar clases parecía no ser suficiente para cambiar las cosas.

 

Así, como Mandela, vio en la violencia una forma de provocar el cambio. Se unió al Frente para la Liberación de Mozambique (Frelimo) y fue entrenada como guerrillera. En esa época turbulenta conoció a Samora, el líder del movimiento. "Tenía 17 años y estaba indignada porque mi país era una colonia de Portugal. Soportábamos una situación que nos convertía en ciudadanos de segunda en nuestra propia patria. Para luchar, me fui de guerrillera a Tanzania y conseguimos entrar en Mozambique para proseguir la guerra. Y Samora estaba allí, en el frente, y juntos avanzábamos en el mismo camino".

 

Se casaron en 1975, dos meses después de que Mozambique adquiriera la independencia y Samora fuese nombrado presidente. También entonces, con su conocida frase "yo no soy la esposa de Samora, yo soy yo", Graça dejaba bien clara su independencia. Se convirtió en Ministra de Educación y Cultura. "Fui 13 años ministra, estoy muy orgullosa de aquella época", dice. Logró que la tasa de escolarización infantil, del 40 % en 1975, alcanzara al 90 % de los niños y al 75 % de las niñas en 1989, al finalizar su mandato.

 

El informe Machel

Sin embargo, esa incipiente renovación se vio interrumpida por una guerra civil y por el accidente aéreo mortal -aún no aclarado (se sospecha que detrás estaba el régimen racista sudafricano)- que sufrió Samora en 1986. Madre de dos hijos, Josina Z.Machel y Malengani Machel, Graça dejó la vida pública, pero en 1994 Butros-Ghali, por entonces secretario general de la ONU, la nombró presidenta de la Comisión de Estudios de Naciones Unidas sobre el Impacto de los Conflictos Armados en la Infancia. El estudio que realizó, conocido como informe Machel, -hoy histórico- aún sonroja por su carga de denuncia. "Se ha hecho más fácil reclutar a niños como soldados por la proliferación de armas ligeras de bajo costo. Algunos fusiles son tan livianos que hasta los párvulos pueden acarrearlos y tan sencillos que un niño de 10 años puede desarmarlos y volverlos a armar".

 

Compañera de Madiba

Se casó con Madiba en 1998, cuando él ya era un anciano. La unión "del padre de la nación y la viuda de la revolución" -como se les llamó- no consistió en un flechazo: "No fue amor a primera vista, conmigo esas cosas no pasan", ha dicho Machel. Y agrega: "Compartíamos un modo de ver la vida modelado por las mismas inquietudes". Se trataba simplemente de dos compañeros que se reconocen y se unen.

 

A pesar de vivir retirados, ella continuaba su lucha (por ejemplo, con los microcréditos Tchuma para la mujer). "Ponemos cierto poder en manos de los más pobres. Les damos algún control sobre sus propias vidas". Natural, noble, alejada de las luchas hereditarias de los Mandela y siempre buscando la reconciliación, sólo ha dejado su labor para cuidarlo estos últimos meses.

 

Cuando la polémica Winnie, segunda esposa de Mandela, conoció su relación espetó: "Esa concubina". Sin embargo, en los funerales del líder africano, bajo una lluvia incesante, ambas mujeres se fundieron en un abrazo.

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