Hoy, ¡Cambia la Hora!

Esta noche, madrugada del sábado al domingo, a las 2.00 h tendremos que adelantar nuestros relojes una hora, es decir, poner las 3.00 h. Esto quiere decir que dormiremos una hora menos. En compensación, con este nuevo horario de verano, ganaremos una hora más de luz por las tardes.

¿Por qué lo hacemos?
La decisión de adelantar los relojes una hora el último fin de semana de marzo tiene su origen en la crisis del petróleo de principios de los 70. Y es que con el cambio horario se hace coincidir el comienzo de la jornada laboral con el amanecer, aprovechando mejor la luz natural. El IDAE (Instituto para la Diversificación del Ahorro y la Energía) estima que esta medida permite ganar hasta 135 horas de luz. Este cambio horario se regula a nivel europeo a través de una directiva comunitaria que es renovada cada cuatro años. La hora se cambia en la UE el último fin de semana de marzo y el último fin de semana de octubre, respectivamente. Unos 70 países cuentan con horario de verano, entre los cuales están Estados Unidos, Canadá, Chile, Australia y todos los miembros de la Unión Europea.

El horario universal.
La creación de zonas horarias data de finales del siglo XIX. Entonces, el huso horario se establecía de forma arbitraria, dificultando las relaciones internacionales y sobre todo la fluidez en el transporte. Fue precisamente un ingeniero de ferrocarriles, Sir Sandford Fleming, el primero en reclamar la necesidad de un horario estándar y universalmente aceptado. Representantes de distintos países se reunieron en Washington en la famosa Conferencia del Meridiano. El diseño final del horario universal dividía el mundo en 24 zonas horarias distintas, delimitadas por meridianos que iban de norte a sur, dando al planeta la apariencia de una enorme naranja. Desde el meridiano cero, en Greenwich el reloj avanzaría una hora hacia el este, meridiano a meridiano, y la restaría hacia el oeste.
Durante el Franquismo se estableció en España el mismo huso horario que en la Alemania nazi y no el de Greenwich, que es el que nos correspondía geográficamente. La anomalía pervive hasta nuestros días, retrasando los horarios respecto de los europeos.

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