Julia Gutiérrez Caba, la actriz discreta

Julia Gutiérrez Caba, es una de las actrices más veteranas de nuestro teatro, cine y televisión.

Julia Gutiérrez Caba, es una de las actrices más veteranas de nuestro teatro, cine y televisión.

Le viene de casta. Es la cuarta generación de una gran saga de actores: los Kennedy de la escena teatral española, que llevan pisando las tablas desde hace mucho tiempo, cuando ser actriz no equivalía a ser una celebrity rodeada de flashes y serpentina. “Como hijos de actores, íbamos de gira con mis padres.

 

Mi madre siempre quería llevarnos. Hemos abarcado unas etapas muy difíciles. Los teatros estaban en muy malas condiciones y en invierno hacía mucho frío. Era muy duro. Dormías en pensiones o en casas particulares y tenías que encargarte de planchar tu vestuario”, rememora. Y, precisamente, por pertenecer a dicha familia, Julia dudaba, creía que no estaría a su altura. “Me hizo dudar de que tuviera suficiente ‘sabiduría’ para afrontar esta profesión, porque la conocía bastante bien desde dentro”.

 

La actriz nació en Madrid, en plena calle Mayor, en 1932. Su bisabuelo, Pascual Alba, hace más de 150 años, fue el primero en dedicarse a la profesión, de una “forma gremial y artesanal”. Le siguieron sus hijas Irene y Julia, y luego su nieta, Irene Caba Alba, que se casó con el también actor Emilio Gutiérrez, con el que tuvo tres hijos: Irene, Julia y Emilio.

Su carrera

 

Julia debutó en el teatro en 1951, con 19 años, en la obra Mariquilla Terremoto, de la compañía de Catalina Bárcena, quien trabajó con la mismísima María Guerrero. Estaba con sus padres de gira en Canarias y se necesitaba una figurante. “Mi hermana Irene me dijo que por qué no salía yo. Al principio dije que no, que no estaba preparada, pero al final salí.

 

En septiembre de 1952, un año después, me dieron el carné y ya era oficialmente actriz”. Luego trabajó en la compañía de Isabel Garcés, ese rostro un poco atolondrado que daba vida a la tata, la profesora o la criada en las películas de Marisol y Rocío Dúrcal.

 

Sin pretensiones, sólo deseosa de corresponder a los suyos, los inicios de Julia corresponden a una época en la que “no te ponías una meta demasiado alta. Trabajar era suficiente”, reconoce. Y sufría. La seguridad que a otros les hubiese dado pertenecer a una saga, a ella la inhibía: “Yo lo pasé mal conociendo el oficio, porque pensaba que no iba a estar a la altura de mi familia o de la gente que tenía a mi alrededor.Mi escalada fue lenta”.

 

Eran años en los que no dejaba de trabajar, y en los que pasaba de ‘estar en manos’ de Miguel Mihura, Jacinto Benavente y Antonio Gala a las de Bernard Shaw, Eugene O’Neill y Anton Chejov. “Hacía dos funciones y al terminar la segunda me ponía a ensayar la siguiente. Terminaba a las tres de la mañana y dos horas después estaba rodando con Bardem. Uff, qué palizas, me mareaba y todo, pero así era la vida”, explica. Así, pronto le llegó el reconocimiento y el éxito tanto en España como en Latinoamérica.

 

En 1964 se casó con el actor Manuel Collado Álvarez, con quien formó su compañía en 1970. “Montar una compañía propia con mi marido y tenerla durante diez años fue muy bonito, con sus problemas y alegrías; la etapa del María Guerrero, del Teatro Lara...”. Hoy, con 81 años y más de 60 de profesión, ha dejado de hacer teatro. Sólo por estar un poco cansada. Sin echarlo de menos.

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