Lina Morgan, la sonrisa más castiza

“¡Nací teatrera! En cuanto vi la luz, me puse a hacer muecas. ¡Adoro este mundo!”, dijo Lina Morgan.

“¡Nací teatrera! En cuanto vi la luz, me puse a hacer muecas. ¡Adoro este mundo!”, dijo Lina. Ahora, el número 20.815, la fecha de su muerte, es de los boletos más buscados, según Loterías y Apuestas del Estado.

 

Gags, tics y ese inolvidable cruce de piernas... Quizás no era la más hermosa, pero su simpatía y talento la situaron en el lugar al que estaba destinada: sobre el escenario. Su arte llegó a todos los medios y las carcajadas inundaron todos los hogares a través de la televisión. Muchos se lamentan de que no se atreviese a ser más ambiciosa intelectualmente, pues sus innumerables recursos cómicos podrían haberla convertido en el equivalente en España a Charles Chaplin. Pero, como ella misma señaló hace ya unos años: “Charlot creó un personaje. Cantinflas, otro. Yo he inventado el mío, y mi público me sigue 30 años con él”.

Nació el 20 de marzo de 1937...

 

...con el nombre de María de los Ángeles López Segovia. Vivió la posguerra en una familia modesta del barrio madrileño de La Latina. Pronto abandonó los estudios para colaborar en la economía familiar recogiendo cartones y botellas que luego vendía junto a su hermano pequeño, José Luis, de quien dijo que fue “el amor de mi vida”. Su muerte, hace 10 años, supuso uno de los momentos más difíciles para la actriz: “Era la mano en la espalda para que yo no me tropezara. Era mi todo”, confesó.

 

Desde pequeña tuvo claro que era una artista. Debutó en la compañía infantil ‘Los chavalitos de España’, donde actuó como solista de baile clásico español. Un año después, entró en el coro de una revista y se convirtió en vedette. Tras giras y salas de fiesta en la Gran Vía madrileña, en los años 60 comenzaron sus primeras apariciones en el cine con títulos como: Vampiresas de 1930 (1960), El pobre García (1961), Objetivo las estrellas (1963), Julieta engaña a Romeo (1964), La tonta del bote (1970) o Dos chicas de revista (1972). 

El Teatro de La Latina fue su segundo gran amor...

 

...Lo adquirió en 1987 por 127 millones de pesetas. Ahí concentró todo su  trabajo y esfuerzo: “No se te va esa ilusión, aunque lleves 50 años. Aquí, en La Latina, fui chica de conjunto. Ahora soy empresaria. ¿No suena precioso?”, dijo con orgullo. En 2010, lo vendió por 6,5 millones de euros a las productoras Pentación y Focus, bajo la dirección de Jesús Cimarro. 

 

Su otra gran pasión, y a lo que se dedicó hasta sus últimos años de enfermedad, fueron sus obras de caridad. En especial su labor con la ONG Mensajeros por la Paz, en la que colaboró en el programa destinado a los mayores con el padre Ángel, amigo íntimo de la actriz, y en la que fue Presidenta Honoraria del Día del Abuelo. “No tengo esa sensación de ser abuela, pero sí tengo esa sensación de amor, de afecto, de cariño y de respeto porque yo he querido muchísimo a mis padres. Quiero a los abuelos porque no los he tenido, no los he sentido, me gusta estar con ellos”, reveló emocionada.

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