Lo que debes de saber de Ellen DeGeneres

“Me siento mucho más inteligente ahora que cuando tenía 30 años”, es una de las frases que mejor la definen.

Comediante, actriz y presentadora de televisión estadounidense (¡con estrella en el Paseo de la Fama!). Su humor es inteligente e irónico. Nos gusta su sagacidad y que le interesa más la inteligencia (la busca) que la belleza. “Me siento mucho más inteligente ahora que cuando tenía 30 años”, dice de sí misma.

 

Mírale a los ojos.  Si no sonríes a los dos segundos, no es que debas tumbarte en el diván, pero tampoco te engañes: algo no marcha bien. Porque sus ojos sonríen y te lanzan un gancho cómplice incluso cuando sus labios no lo hacen. Y contagia.

 

Esta ácida reina de los monólogos, capaz de hacer bailar al mismísimo Obama (claro que él no es Bush hijo), le soltó en los Oscar a la ‘eterna’ Liza Minnelli: “Oh, es la mejor recreación de Liza que he visto hasta ahora; bien hecho, chico”. ¡Toma! Indigestión para la diva, risas para los demás. Dardos de un verbo atrevido, ágil como los movimientos de un púgil.

 

“Mi cerebro no tiene un botón que se enciende y se apaga, sólo está allí. Y esto puede ocurrir o no. A veces me siento y escribo una historia incoherente, otras veo a alguien haciendo algo y sólo tomo una especie de nota mental que recuerdo en el escenario”, dice sobre su trabajo. Ellen, blanco por igual de elogios y críticas, es efervescente y, por eso, su humor sólo pica, no ensucia ni emborrona.

 

Su vida

 

Nació en Metairie, Luisiana, en 1958. Sus padres, un vendedor de seguros y una agente inmobiliaria, se divorciaron cuando ella tenía 13 años.

 

Fue entonces cuando, según dice, descubrió su talento (no paraba de contarle chistes a su madre para hacerle reír). Se matriculó en Ciencias de la Comunicación, pero la dejó a los seis meses. “Quería tener dinero, ser especial, agradarle a todo el mundo, quería ser famosa”, dice de esa época. Y así comenzó a compaginar pequeños trabajos (vendía aspiradoras) con actuaciones en clubes de comedia. Su primer monólogo -cuentan- lo escribió entonces en homenaje a su novia, Kathy Perkoff, quien murió en un accidente de tráfico tras discutir con ella.

En 1982 fue elegida la persona más graciosa de América en una competición televisiva y la rueda de la fama comenzó a circular hasta ser la primera comediante invitada por Johnny Carson en su Tonight Show (1986).

 

Luego, la ABC le propuso hacer su propio programa, Ellen, con el que obtuvo sus primeras nominaciones a los Emmy y Globos de Oro.

 

Todo iba bien, pero le dio por ser honesta y reconocer su homosexualidad en 1997. Arreciaron los golpes en el ring, comenzaron a llamarla Ellen DeGenerate y los contratos cayeron en picado.

 

Tardó en superarlo tres años. En 2001 aceptó presentar los premios Emmy en medio de un clima muy sensible: la edición, planeada para septiembre, se aplazó dos meses por los ataques del 11-S. El reto era doble, pero lo superó con creces.

 

“Creo que es importante que yo esté aquí –dijo–. ¿Qué podría molestar más a los talibanes que ver a una lesbiana en traje rodeada de judíos?”. Así es. Libre, sin prejuicios, contundente.

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