Lola Herrera, una vida sobre las tablas

La gran actriz vuelve a la piel de Carmen Sotillos, la protagonista de Cinco horas con Mario, el monólogo de Miguel Delibes.

Lola Herrera (Valladolid, 30 de junio de 1935), una de nuestras grandes actrices, vuelve al teatro a dar vida a Carmen Sotillos, quien le granjeó el respeto de público y crítica durante 25 años en la obra de Delibes, Cinco horas con Mario. Lo hará en el Teatro Reina Victoria de Madrid, del 4 de mayo al 12 de junio.

 

La fuerza de la necesidad

Lola Herrera ha dicho en varias ocasiones que no es tan valiente como la pintamos en los medios. “Nada más lejos de la realidad” -escribiría en Me quedo con lo mejor, sus memorias-. “La fuerza de la necesidad fue la que me empujó a gritar”. No seremos nosotros quienes demos por hecho algo que no es, ni vamos a discutir que cada uno es el mayor conocedor de sí mismo; pero si lo suyo no se llama valentía, es algo que se le parece bastante.

 

El arrojo, como la necesidad de estar en movimiento, le vienen juntos de serie, quizás, como dice ella, por ser hija de la posguerra. Como se le daba bien cantar, lo hacía en el colegio, en los patios y en la calle, y a los 12 años unos vecinos la apuntaron a un concurso en Radio Valladolid, que ganó. Aunque allí quisieron costearle la carrera de solfeo tras ser una especie de niña prodigio, ella decidió dos años después que no quería “imitar a nadie”, pero que seguiría trabajando con ellos, aunque fuera de 'chica para todo'. A los 19 años la contrataron en el cuadro de actores de Radio Madrid y allá se fue, sin saber que lo que le deparaba el futuro era trabajar en los teatros de aquella Gran Vía que a ella se le antojaba el mismísimo Nueva York. 

El historia de amor que no fue

 

En la antigua Cadena Ser conoció también al que sería su marido, el actor Daniel Dicenta. La locura del amor se impuso al presentimiento de que estaba “al borde de un enorme precipicio por el que iba a caer”; y al final, acertó en sus predicciones. Después de siete años de una relación desastrosa, en sus propias palabras; de infidelidades continuas y varias separaciones, él se fue definitivamente, dejándola sola con Natalia y Daniel, de 5 años y 14 meses respectivamente. Se fue un día de Reyes, con un aviso la noche anterior de que ya no la quería.

 

Dice que no es valiente, pero es tan generosa que nunca le guardó rencor. Hasta hoy mantiene que fue una bellísima persona y, sin embargo, incapaz de tomar las riendas de su vida. Dice que no es valiente, pero sí que tuvo la fuerza de aparecer con él, 15 años más tarde, en la película Función de noche para recrear y repetir su despedida. Un ajuste de cuentas tardío y una denuncia de la situación de tantas mujeres, que tenían que aguantar y callar frente al egoísmo de sus parejas cuando aún no existía ni el divorcio, que a ella le sirvió de terapia y a muchas otras, de espejo.

 

Herrera contradice todo lo que se piensa de ella. Dice que es muy insegura y no obstante, no ha vuelto a vivir con un hombre porque valora demasiado su soledad. Asegura que, en realidad, es muy nerviosa y que no es una persona culta; pero también, que cuando se mira al espejo ve a una persona que está de acuerdo consigo misma, algo que a nosotros nos suena a algo así como un mantra de serenidad y sabiduría.

 

Curiosidades sobre ella

 

- Tras seis décadas de trabajo, acaba de recibir el Premio Max de Honor de 2016.

 

- Con 12 años, interpretó al Pajarito Azulín en un serial de Radio Valladolid.

 

- Su libro favorito es Senderos, de Liv Ullmann.

 

- Tiene 12 baldas llenas de zapatos, es su pasión.

 

- Tiene su propia colección de ropa, Bababa, por dos razones: para vestirse a su gusto y para dar respuesta a todas esas mujeres que le preguntaban cuál era la clave de su estilazo.

 

- Empezó a fumar por exigencias de guión y se enganchó. Fumaba negro y con boquilla. Lo dejó en 1988.

 

- Su libro de memorias está lleno de olores que recuerda: el de la alfalfa o el estiércol, que adora, porque le llevan de vuelta a su infancia.

 

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