Margot Fonteyn, la mejor bailarina de la historia

Margot Fonteyn, la más ferviente de las artistas (1919 / 1991). una virtuosa bailarina británica con una carrera de más de 40 años.

Margot Fonteyn, la más ferviente de las artistas (1919 / 1991). una virtuosa bailarina británica con una carrera de más de 40 años.

 

Casi nadie recuerda ahora a Margot Fonteyn. Sin embargo, durante los años 50 y 60 del siglo pasado fue una de las mujeres más famosas y aplaudidas del mundo, considerada la mejor bailarina que jamás había sido vista en los escenarios. Nacida en una familia inglesa acomodada en 1919, Fonteyn comenzó como tantas niñas sus clases de ballet a los 4 años. Pero en ella esa disciplina infantil se convirtió pronto en una pasión, una vocación absoluta para la que estaba dotada como pocas.

 

A los 15, ya debutaba en una de las mejores compañías, la del Royal Ballet de Londres, y a los 20 se había convertido en una estrella.

 

Nadie bailaba como Margot Fonteyn. Disciplinada y exigente consigo misma en grado sumo, poseía todas las características necesarias para ser una auténtica reina en su arte: la perfección técnica, por supuesto, pero también la gracia, la pasión y la expresividad. Y una elegancia natural, que emanaba de la forma de su cuerpo y de sus movimientos y parecía dejar una estela de polvos dorados a su alrededor.

 

Se la puede ver bailando en numerosos vídeos en YouTube, y comprobar que todo en ella era armonía.

Su cuerpo era espacio, luz y música. Danza en estado puro. Adorada por el público, sus mayores triunfos le llegaron a la edad en la que debería haberse retirado. En 1961, cuando tenía ya 43 años y estaba a punto de dar por terminada su carrera, apareció en su vida Rudolf Nuréyev. Nuréyev era el mejor bailarín del momento, y probablemente de todos los tiempos, pero vivía casi como un prisionero en su país natal, la Unión Soviética. Aquel año, tras una actuación en París, decidió no regresar a Moscú y buscó refugio en Occidente. Pronto se convirtió en la mejor pareja de Margot Fonteyn. Durante una década actuaron juntos en los grandes teatros del mundo, obteniendo éxitos inimaginables hasta entonces: en una ocasión, en Viena, tuvieron que salir a saludar 89 veces en medio del fervor del público.

 

Fonteyn no se retiró hasta 1970, pasados ya los 50 años. Desde entonces, se dedicó a cuidar de su marido, el diplomático panameño Roberto Arias, que se había quedado tetrapléjico a consecuencia de los disparos realizados contra él por un rival político. El resto de su vida, la bailarina lo pasó en una granja de Panamá, en donde murió de cáncer en 1991, a los 72 años, dejando tras de sí un vacío en los escenarios que ninguna otra mujer ha sido capaz de llenar desde entonces.

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