Mariana Pineda, la heroína de la libertad

Hija de un noble y una plebeya, se convirtió en una joven madre viuda que luchó por la causa liberal.

Hija de un noble y una plebeya, se convirtió en una joven madre viuda que luchó por la causa liberal. Murió a garrote por mandar bordar una bandera con el lema “Igualdad, libertad y ley”. Foto: Pepa Flores la interpretó en televisión en la serie Proceso a Mariana Pineda (1984).

 

La entrada principal del Parlamento Europeo en Estrasburgo lleva el nombre de una mujer española, valiente como pocas: Mariana Pineda. Una verdadera heroína de la libertad, que murió ejecutada por defender sus ideas políticas. Pineda nació en Granada en 1804, en un tiempo en el que no era habitual que las mujeres se comprometiesen con las causas sociales. Pero lo cierto es que en su vida nada fue convencional: sus padres ni siquiera estaban casados, algo muy raro en aquel entonces.

 

Cuando la niña tenía dos años, la madre abandonó la casa, dejándola en manos de su expareja, que falleció enseguida. Mariana fue recogida entonces por un tío anciano, que se ocupó de su educación. Con tan sólo quince años, se casó con un oficial del ejército. A los dieciocho ya estaba viuda, teniendo que hacerse cargo de los dos hijos que había tenido durante su breve matrimonio y de una tercera niña que nacería algunos años más tarde. Entretanto, se iniciaba también su participación en política.

 

España vivía tiempos agitados. Una buena parte del país estaba en contra del rey, Fernando VII, empeñado en restablecer el absolutismo, un tiránico sistema de gobierno con el que la población de toda Europa trataba de terminar, en busca de una sociedad más libre. Fue su marido quien inició a Pineda en las ideas liberales, contra las que el monarca luchaba sin ninguna compasión.

Ella fue comprometiéndose cada vez más con la causa: viajaba a menudo a Gibraltar, donde se reunía con los liberales exiliados en Inglaterra para luego llevar sus mensajes a España. Visitaba a los presos y acogía en su propia casa a muchos perseguidos. En 1828, ayudó a un primo suyo, condenado a muerte, a huir de la cárcel.

 

La policía de Fernando VII la vigilaba muy de cerca. En 1831, durante un registro en su casa, encontraron una bandera bordada por ella misma y sus criadas con el lema liberal: “Igualdad, libertad y ley”. Aquello bastó para acusarla de conspiración y condenarla a muerte.

 

Con tan sólo veintiséis años, esa mujer con aspecto de ángel y fortaleza de león fue ejecutada. Como ella misma predijo, su muerte la convirtió de inmediato en una leyenda, un bello y conmovedor símbolo del largo combate por un mundo mejor en torno al cual surgieron poemas, novelas y obras de teatro como la famosísima de Lorca. Hasta llegar a dar merecidamente su nombre a esa puerta por la que se accede al ombligo mismo de la democracia europea.

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