Nadine Gordimer, la escritora comprometida

Nadine Gordimer (1923 - 2014), fue una escritora sudafricana, Premio Nobel de Literatura (1991). Publicó su primer relato a los 15 años.

Nadine Gordimer (1923 - 2014), fue una escritora sudafricana, Premio Nobel de Literatura (1991). Publicó su primer relato a los 15 años, y en 1953, su primera novela, The lying days (Los días de la mentira). Fue una incansable luchadora por los derechos sociales y contra el sida. 

 

Hay grandezas que están hechas de honestidad y responsabilidad. Luego, viene el trabajo bien hecho. Porque quien tiene lo primero, suele tener lo segundo. Es casi una ley cósmica; una de las grandes verdades de la humanidad. Nadine Gordimer pertenece a esa grandeza. “Camus dijo que en el momento en que solo era un escritor, entonces dejaba de serlo. Esa frase siempre la he tenido muy presente porque no puedes esconderte detrás de tu profesión; tenemos la misma obligación de ser responsables”, dijo en 2013. Y apostillaba: “Los que luchamos sabemos que unidos podemos hacer cosas buenas. No tenemos excusa para no crear una vida decente para todos”. Esa es la medida de la balanza: no hay excusa. Y cuando se sabe, se reconoce la necesidad de la propia responsabilidad. Y no hay vuelta atrás.

 

Nadine Gordimer nació en 1923 en la población minera de Springs, cerca de Johannesburgo, justo donde se fraguó la rivalidad encarnizada entre los inmigrantes europeos que veían cómo perdían sus privilegios y los negros que iban a trabajar a las minas, y que originó el apartheid. “Vengo de un entorno de clase media. Mi madre vino de Inglaterra y mi padre de Letonia, un humilde refugiado de la Rusia zarista que llegó sin hablar el idioma y verdaderamente tuvo que batallar”, dijo.

 

Su padre aprendió el afrikáans, cosa que ella nunca hizo y de la que se arrepentía (“Si de algo me arrepiento, si algo me avergüenza, es que nunca aprendí una de nuestras nueve lenguas”), y consiguió establecerse vendiendo relojes y joyas.

La pequeña Nadine vivía dedicada a los estudios. “Fui a un convento-escuela, solo de niñas, claro, y todas blancas. Si ahorrábamos algo de calderilla para el sábado, íbamos al cine y las películas eran también solo para blancas”, recordaba. A los seis años su madre la inscribió junto con su hermana en la biblioteca, “y eso me perdió en los libros”. Se convirtió en una lectora voraz. Y ahí establece la diferencia: “Si hubiera sido una niña negra, no habría podido ser miembro de esa biblioteca, no habría podido coger ninguno de esos libros. Pienso, entonces, que si hubiera sido negra jamás me habría convertido en escritora, porque la única educación para un escritor es leer, leer y leer”. Así, comparando la realidad de los libros y la de las calles, vio que existía un abismo entre la vida de unos y la de otros.

 

Un incidente en su propia casa, cuando tenía once años, le mostró en qué consistía; le hizo de libro. La policía llegó a altas horas de la noche y les hizo salir al jardín. Desmantelaron el cuarto de la sirvienta, porque buscaban alcohol hecho en casa; los negros no tenían permiso para comprarlo y lo preparaban con ingredientes caseros. “¡Quién no lo haría!”, decía Gordimer. No encontraron nada. “Fue un momento impactante para mí. Mis padres lo permitieron, ni siquiera preguntaron si traían permiso para inspeccionar, cooperaron con esa locura. Fue así como me convertí en alguien políticamente alerta, no leyendo a Marx ni Lenin”. Uno de sus últimos libros se titulaba "Atrapa la vida". Eso hizo Gordimer. Eso nos gustaría hacer: atrapar la vida. Vivir, soñar.  Estar alerta, impedir las alambradas.

Continúa leyendo