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Un queso de cabra de Jaén es el mejor del mundo según los World Cheese Awards

Olavidia, producido por Quesos y Besos en Guarromán, es el queso ganador de este prestigioso y mediático galardón.

Instagram @quesosybesos_
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Los prestigiosos y cada vez más mediáticos World Cheese Awards han celebrado su edición del 2021 en Oviedo, en una gala que ha formado parte del International Cheese Festival organizado por el Instituto del Queso donde la quesería familiar de Guarromán, Jaén, Quesos y Besos, ha sido la gran triunfadora porque uno de sus quesos de cabra, Olavidia, ha sido seleccionado el mejor queso del mundo.

Silvia Peláez y Paco Romero, mujer y marido respectivamente, son los responsables de esta quesería joven (nació en mayo del 2017) que pese a su corta trayectoria ya contaba con gran prestigio entre los amantes del queso en España. Ahora también lo tiene a nivel internacional -Brasil, Ucrania, Dinamarca, Inglaterra, India, Italia, Suecia, Sudáfrica, España, Estados Unidos, Holanda, Noruega, México y Japón son los países de procedencia de los miembros del jurado- porque junto al exitazo de haber conseguido que su queso Olavidia sea el número uno del mundo, Quesos y Besos ha metido otro de sus quesos, Camembesos, en la sexta posición de la lista. 

De 4.000 participantes, solo 16 llegaban a la gran final tras ser elegidos una primera selección de 88 quesos, los ganadores de cada una de las mesas en las que se hacían catas reducidas y se competía por un solo puesto en la siguiente ronda. La criba final ha dejado en esos 16 a los finalistas, de los cuales dos, el primero y el sexto ni más ni menos, son de esta quesería andaluza que merece la pena conocer. 

¿Cómo es el mejor queso del mundo?

Olavidia es un queso láctico de forma cuadrada elaborado con leche de cabra procedente de una ganadería familiar de cabras de raza malagueña, Cerezo Gordo, que viven en régimen de pastoreo en plena Sierra Sur de Jaén. La ganadería la dirigen el padre de Paco Romero, uno de los dos dueños de Quesos y Besos junto a su mujer Silvia Peláez, y la hermana de este, así que todo en casa. 

Según ha explicado Peláez a los medios de comunicación en Oviedo tras ganar el premio al mejor queso del mundo con Olavidia en los World Cheese Awards, en Quesos y Besos “pasteurizamos la leche lentamente, durante media hora a 63 grados, y en el centro le ponemos una fina línea de ceniza que obtenemos del hueso de las aceitunas de Jaén”. Esta capa delicada de hueso de aceituna carbonizada, que “es una cuajada que tarda 24 horas en pasar de estado líquido a sólido”, ha contado Peláez, le aporta al queso Olavidia una imagen única y también un matiz que lo diferencia de cualquier otro queso del mundo, de ahí que sea una de sus señas de identidad, de los detalles que más ha destacado el jurado de los premios.

El queso, para los curiosos, recibe su nombre del “territorio de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena fundadas por el Rey Carlos III en 1767 con 6.000 colonos alemanes y suizos mayoritariamente” en una misión encomendada al al superintendente don Pablo de Olavide, cuentan desde Quesos y Besos. “Olavidia, la tierra de los colonos de Olavide, fue el nombre propuesto en un congreso de historia en 1988 para denominar a los actuales municipios surgidos de aquella colonización del siglo XVIII, entre ellos Guarromán”, añaden desde esta quesería andaluza en la que solo trabajan cinco personas junto a sus fundadores, Silvia Peláez y Paco Romero, si bien es probable que con el crecimiento en la demanda de Olavidia que van a experimentar a raíz de este éxito en los World Cheese Awards ese número de empleados se quede pronto muy corto. 

Si te pica la curiosidad y quieres probar el nuevo mejor queso del mundo, está disponible en la tienda online de Quesos y Besos por un precio de 9,65 euros en un tamaño de 300 gramos. 

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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