Sandra Barneda habla con nosotras

Nunca había negado su homosexualidad, pero en el programa Hable con ellas del 17 de diciembre lo confesó abiertamente: “Mi pareja es una mujer, pero no voy a decir su nombre”. La periodista de Telecinco, que además presenta la tertulia política de los sábados Un tiempo nuevo, acaba de publicar su segunda novela, La tierra de las mujeres (Suma de Letras), un libro optimista en el que homenajea al matriarcado.

Libra con ascendente Leo, se define como una mujer rebelde, que se pregunta continuamente cómo quiere que sea el mundo y a partir de ahí empieza a andar su propio camino.

 

¿Qué reivindicas en tu segunda novela?

Los orígenes y los ancestros. No puedes vivir con plena conciencia si no asumes de dónde vienes, quiénes son tus antepasados y qué han vivido. Reivindico la importancia del matriarcado en la sociedad, de esas grandes hechiceras, preservadoras de la familia.

 

¿Somos más competitivas las mujeres?

Sí, porque hemos tenido que trabajar mucho para ocupar puestos importantes. No nos daban paso y hemos tenido que entrar arrasando. Eso generó que la mujer adquiriera rasgos masculinos para el liderazgo, para entrar en el mundo laboral. Pero hemos llegado a un grado de madurez en el que la mujer va a tener que buscar otra forma de liderar.

 

¿Eres partidaria de la cuota femenina?

Es un tema controvertido. Aún hay muchos hombres en puestos directivos, pero no apoyo la paridad impuesta porque, al final, resta oportunidades a los otros y es injusta. Estoy más a favor de que se regulen los sueldos: que por el mismo trabajo hombre y mujer cobren lo mismo, no un 20% menos como ahora. La verdadera revolución llegará cuando no nos valoren por el sexo, sino por nuestras cualidades.

 

¿Has tenido alguna vez miedo a no ser aceptada por tu orientación sexual?

Todos intentamos entrar dentro de un patrón para ser aceptados, pero lo que me daría miedo sería levantarme un día, mirarme al espejo y no reconocerme. Cuando te reconoces abiertamente como diferente, te expones a un juicio y debes acostumbrarte a que te juzguen. Al final, es una elección. O eliges a los demás y te preocupan sus juicios, o te eliges a ti.

 

Nunca has ocultado tu postura: al final de la primera temporada de Hable con ellas aplaudiste a la modelo Patricia Yurena por “salir del armario”. ¿La homosexualidad aún produce morbo?

En esta sociedad, lo minoritario o diferente no se respeta, se aplasta; seguramente, consideran que no formas parte de la gran manada. No da morbo, simplemente no se acepta. Decir que eres homosexual, automáticamente, te coloca un subtítulo: el de gay o lesbiana.

 

Hay presentadores que se pasan el día hablando de sus parejas homosexuales…

Es igual de cansino que la mujer que habla siempre de su marido o viceversa. Pero olé por ellos, por todos los homosexuales que no se atreven a hacerlo. Mientras una persona tenga que esconderse por su orientación sexual y no pueda llevar a casa de sus padres a su pareja del mismo sexo por Navidad, mal vamos.

 

¿Falta naturalidad al abordar el tema?

Si un homosexual no cuenta nada a los demás, es el rarito o la rarita. Y si lo cuenta, ya tiene el subtítulo añadido. Es verdad que tenemos una ley que nos protege, pero socialmente falta normalizarlo.

 

¿Da más morbo saber con quién se acuesta el vecino que conocer cómo es?

Con quién te acuestas siempre produce mucha curiosidad, seas homo o heterosexual. Se dice que fulanito va con jovencitas, o que esta liga mucho... Pero me preocupa más esa red invisible de discriminación que existe. Yo misma he tenido experiencias ofensivas: estaba hablando con un hombre y, al tiempo, él recibía whatsapps que decían, entre insultos: “Estás perdiendo el tiempo, qué haces con esa si ya sabes que no le gustan los hombres”. Desgraciadamente, no es un caso aislado.

 

¿Las mujeres estamos más liberadas?

En el terreno sexual, sí. Hablamos más que ellos. ¿Cuándo dice un hombre a otro que tiene problemas sexuales por la próstata? Nosotras, en cambio, hablamos con naturalidad de la menopausia.

 

Tus padres siempre te han apoyado. ¿Todavía te emociona que te llame tu madre y te diga: “Sandra, te quiero”?

Sí, mucho. Intento ver a mis padres siempre que puedo. Hace años, mi padre me dio un consejo que se ha convertido en mi máxima: “Sandra, en esta vida sólo tenemos obligación de una cosa, de ser felices”.

 

¿Te sigues definiendo como una niña rebelde?

Sí, porque sigo buscando respuestas. Al niño le mueve la curiosidad, la pasión por la vida y el mundo, como a mí. Si madurar significa dejar de creer en la magia, voy a seguir siendo una niña toda la vida.

 

Por Maribel Escalona

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