7 quesos del mundo que están tan buenos como los nuestros

Los españoles podemos presumir de que en nuestro país se produzcan algunos de los mejores del mundo, pero es justo reconocer a todos esos quesos llegados de fuera que nos hacen igual de felices.

Queso parmesano
Queso parmesano (Foto: iStock)

No daríamos a basto si pretendiéramos homenajear cada “Día Internacional” de un alimento con todos los que hay, pero hay algunas fechas señaladas que se merecen hacer una excepción. La que se celebra todos los 27 de marzo es una de ellas: el Día Internacional del Queso. Casi nada. Palabras mayores. Sobre todo para nosotros los españoles, que podemos presumir de auténticas maravillas: Cabrales, queso de Mahón, Manchego, Arzúa-Ulloa, de La Serena, y así hasta 26 denominaciones de origen repartidas por todo el territorio nacional, más una lista enorme de otros grandes quesos que no cuentan con esta categoría.

Pero hemos pensado que en esta ocasión es justo hacer un guiño a quesos de fuera de nuestras fronteras que también nos hacen muy felices a los amantes de esta delicatessen láctea. Quesos internacionales hay excelentes, muchos tan buenos como los nuestros, así que no se debe enfadar nadie porque estos sean nuestro siete favoritos. Solo es una pequeña lista subjetiva.

Cheddar

Cheddar
Cheddar (Foto: iStock)

De Inglaterra, en concreto de la localidad homónima al queso, nos llega el que quizá sea uno de los quesos más famosos del mundo y también más maltratado. Todo aquel que haya probado un cheddar curado de verdad y alguno de esos productos que venden por ahí con la etiqueta de cheddar -aprovechando que no es un nombre protegido- entenderá por qué. Esta variedad se fabrica ya muy bien en muchos lugares del mundo, también en España. El cheddar es un queso hecho a base de leche de vaca, con pasta dura y natural, de textura ligeramente quebradiza siempre y cuando esté curado, sin ser un parmesano. Hay mucha diferencia en sus matices dependiendo del rango de maduración que presente.

Gouda

De Holanda nos llegan grandes quesos como el Maasdam, pero nos quedamos con el gouda, porque es otro de esos productos que sorprende cuando uno va profundizando en él. Ocurre muy parecido a lo que pasa con el cheddar: hay mucho queso vendido como gouda de un nivel paupérrimo. Sin embargo, cuando el gouda es de calidad, es una maravilla. Y especialmente rico está cuando está muy madurado -variedad oud-, que no todos los goudas son suaves. De hecho, hay hasta siete tipos en base, precisamente, a su edad. Está elaborado con leche de vaca pasteurizada aunque hay versiones con leche de cabra y oveja también.

Parmesano

De Italia cuesta y mucho elegir un queso, pero ya habrás detectado a estas alturas del texto que en esta lista subjetiva pesan mucho los quesos curados, y pocos manjares pueden igualar a un Parmigiano Reggiano curado. De la buena burrata y la buena mozzarella de búfala ya te hablamos largo y tendido en su día -son  maravillosas-, pero este queso elaborado con leche de vaca de difícil corte por su textura casi rocosa es un alimento de otro nivel. No saben la suerte que tienen en las regiones de Parma, Reggio Emilia, Módena, Bolonia y Mantua, que es donde se produce este queso de aroma y textura inconfundibles

Compté

Compté
Compté (Foto: iStock)

Nuestros vecinos los franceses presumen a menudo de sus famosos quesos con razón. Si son mejores o peores que los nuestros dependerá de cada paladar, pero es indudable que producen algunos tipos de sobresaliente calidad. Una debilidad es el queso Comté, madurado en cuevas especiales en la región que le da nombre. Igual que pasa con otro quesos que maduran de esta forma, el Comté puede tener distinto tiempo de maduración, lo que afecta de forma directa en el sabor de cada queso. No es lo mismo que lo haga 4 meses que llegue más allá de los 18. Su sabor es realmente característico porque es uno de los quesos más aromáticos que se pueden degustar. Para el que no lo conozca, se parece al gruyer suizo. 

Feta

Quizá te parezca poco glamuroso meter el Feta en esta selección pero se trata de uno de los quesos más versátiles que existen y, sobre todo, más aprovechables en la cocina de casa. Tener una cuña de este producto de origen griego -la Denominación de Origen Protegido exige que la leche de las cabras y ovejas con las que hace tiene que ser de una lista reducida de regiones del país heleno-, es una garantía de éxito para rematar con nota prácticamente cualquier ensalada o canapé. Es el queso con sabor protagonista, salado -suele venderse sumergido en salmuera- y potente si es curado, más versátil. Una maravilla.

Gruyer

De Suiza llega este primo hermano famoso del queso francés Comté. El Gruyer, originario de la región del país helvético que le da nombre - Gruyère-, tiene una textura densa y compacta muy característica, y su sabor es de los más difíciles de descifrar, de ahí que también sea tan especial. Y no, como ya estarás imaginando a raíz de esta pequeña explicación de este queso de vaca que es mejor cuanto mejor sea la leche del que nace, el gruyer de calidad no presenta oquedades enormes, como mucho algún agujero del tamaño de un guisante. De nuevo, un queso que por ser tan popular se ha copiado mal en demasiadas ocasiones.

Monterrey Jack

Cerramos la lista con el queso menos conocido de los siete en España, y el único también que no es de origen europeo. El Monterey Jack es un queso del que se cree que su origen es monástico. Sin embargo, fue un empresario, David Jacks, el que lo hizo famoso comercializando este queso suave de leche de vaca envejecido, y de ahí que su denominación actual sea la que es. Es un queso común en la cocina mexicana porque funde muy bien, y se da un aire al cheddar, para que tenga una referencia aquel que no lo haya probado. También se consume mucho en Estados Unidos. Esa capacidad especialmente buena para fundirse es lo que da valor añadido en la cocina.

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Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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