Guía para saber que queso utilizar con cada hamburguesa

Se puede debatir acerca de los vegetales y las salsas, pero hay algo innegociable: no hay burger sin cheese.

En la era de las hamburguesas ‘gourmets’ no está de más que echemos el freno de mano de golpe, como en las persecuciones policiales de las películas, y dejemos que pasen de largo aquellos que se alejan de la esencia de este clásico del street food que gusta al 99% de la población.

En una hamburguesa, entendiendo como tal su versión más elemental: una porción de carne picada con forma redonda dentro de un pan con la misma forma abierta por la mitad, podemos poner lo que quieras. Es como las pizzas; soporta todo tipo de experimentos con dignidad. Pero al fin y al cabo, seamos realistas, ninguna “combinación ganadora” puede serlo sin una base que se sustente en tres ingredientes de la mejor calidad posible: el pan, por supuesto; la carne, cómo no; y el queso. 

Puedes retirar de la ecuación la parte vegetal, jugar con la cebolla en diferentes texturas, añadir más o menos salsas, variar el peso de la porción de carne e incluso dividirla en dos, decirle sí o no al bacon crujiente, e irte por las ramas, perdón por la expresión, todo lo que te apetezca introduciendo ingredientes que no forman parte de la hamburguesa canónica. Pero si eliminas el queso de la receta, estás perdido. No hay ‘burger’ sin ‘cheese’.  Y así lo dice también el 76% de los encuestados por Brooklyn Town, que eligen el queso como su ingrediente favorito para este plato. 

Los más recomendables

En cambio, en lo que no somos tan rígidos es en la elección del queso. Mientras sea una variedad fundente, que no esté muy curado porque entonces será seco para una hamburguesa por muy bueno que esté solo ese queso, todos tienen cabida en una burguer. El cheddar y el Monterey Jack son los reyes, pero no son las únicas opciones válidas. Piensa que en el mundo hay más de 2.000 tipos distintos de este alimento.

Por ejemplo, quesos gallegos como la variedad Arzúa-Ulloa, un provolone italiano, un camembert incluso un brie son quesos interesantes para crear hamburguesas un poquito distintas a las de siempre pero sin perder la esencia. A estas de cosecha propia, el chef de Brooklyn Town, José Sola, añade cinco más y los vincula a una variedad concreta de carne: 

  • Queso emmental. Destaca el experto en burguers que este queso suizo famoso por sus grandes agujeros tiene un “sabor suave y dulce, además de tener un aroma fuerte y muy frutal -parecido a la nuez-”. Por esto, considera que funciona a la perfección con una carne Black Angus.
  • Queso de cabra. De esta opción destaca el cocinero “su sabor intenso” y los “toques picantes en el paladar”. En opinión de Sola, “la carne que mejor le complementa es la carne de vacuno de raza porque, como su propio nombre indica, esta pareja transmite fuerza solo con mencionarlo”. El chef de Brooklyn Town considera imprescindible en esta opción incluir la cebolla caramelizada.
  • Queso crema. A priori podría parecer una opción demasiado fundente, pero José Sola considera que untarlo en el pan de la hamburguesa, como se hace en los bagels, por ejemplo, es una gran idea si se combina “con la carne más intensa y premium del mundo como la de Wagyu”.
  • Queso roquefort. Todo lo contrario que el queso crema, el roquefort es “Potencia y explosión en el paladar”, según el especialista. Por este motivo, para equilibrar, escoge como compañera de baile para esta variedad “la carne tradicional de vacuno”.
  • Queso raclette. Los quesos suizos se caracterizan, en general, por ser muy fundentes, de ahí que el queso raclette sea una alternativa muy interesante a las clásicas para la hamburguesa. José Sola recomienda utilizarlo junto a una hamburguesa de ternera del Pirineo, “una exclusiva carne que se elabora al estilo casero tradicional”. Explica que “el calor que desprende la carne en la parrilla y después sobre el pan, hacen que el queso raclette, por su textura semidura, se funda y quede todo integrado”.
Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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