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Tamales: la receta mexicana con la que Eva Longoria ha triunfado esta Navidad

Así es la elaboración tradicional de la familia de la empresaria en estas fechas navideñas que tu puedes hacer en cualquier momento del año en casa

Instagram @evalongoria
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Eva Longoria confesó hace unos días en sus redes sociales cuál es la receta que triunfa en Navidad en su familia: los tamales. Al parecer, los cenan cada año en Nochebuena. Y de hecho, tienen peleas por los restos cuando se los reparten en Navidad después de prepararlos el día anterior en familia.

Aunque la norteamericana (es de Texas y su familia es originaria de México) los toma en Nochebuena con su familia, los tamales son una receta tradicional de la cultura culinaria del país azteca. Longoria, que por cierto está preparando una serie de televisión para la CNN para dar a conocer México, no comparte todos los detalles de su receta familiar de tamales, pero afortunadamente es una elaboración tan popular que podemos contarte cómo hacerla en casa cuando tu quieras. 

Origen de los tamales

Los tamales son muy populares en la dieta mexicana. Tanto en el día a día como en celebraciones especiales. Es el caso de la Navidad, como hace la familia de Eva Longoria, y el Día de la Candelaria.

Se trata de una receta con varios siglos de historia. De hecho, existe cierto pique entre algunos países latinoamericanos por su origen, ya que también se preparan en Chile o Bolivia, por ejemplo. 

El nombre de este platillo o antojito, como llaman los mexicanos a sus recetas callejeras famosas, viene del vocablo “tamalli”, que significa envuelto en náhuatl, lengua de los aztecas que sigue muy vigente en casi todo México en la actualidad. Es un nombre que explica muy bien el concepto de la receta porque se trata de una masa de maíz, una especie de bollo, que se rellena de carne, pollo, chile, tomate, cebolla y otros ingredientes, se envuelve en hojas de mazorca de maíz y se cuece al vapor.

Con los años, la receta se extendió tanto por distintos territorios que existen múltiples versiones. Algunas fuentes hablan de más de 500 elaboraciones distintas de los tamales. Por eso también los hay que se envuelven en hojas de plátano como alternativa a las de maíz. Es el caso de los tamales oaxaqueños rellenos de mole tradicional. El guiso del relleno es muy diferente entre versiones; prácticamente cada familia tiene el suyo patentado.

Cómo prepararlos

Como decimos, la elaboración de los tamales varía en función de las tradiciones culinarias regionales y familiares, si bien la masa de maíz es el elemento común en todas ellas. 

En Ciudad de México, por ejemplo, es tradicional el tamal con salsa verde o roja, y el más conocido de todos seguramente es el llamado guajolota, una  torta relleno de tamal.

Hay tal variedad de versiones que existen incluso opciones vegetales como sonorenses y sinaloenses rellenos de verduras y también versiones dulces. 

Sería imposible quedarnos con una sola elaboración; de hecho, es habitual preparar varias y una vez rellenos los tamales, anudarlos de manera distinta para diferenciarlos, igual que hacen los argentinos con sus empanadillas y la forma de cerrarlas. 

La clave, como decíamos, es preparar bien la masa, que os servirá para todos los rellenos que escojáis. El ingrediente esencial para ello es la harina de maíz nixtamalizada, que se mezcla con manteca de cerdo (o alguna otra grasa vegetal si no queréis incluir ingredientes de origen animal en la elaboración) y agua o caldo. También podéis comprarla ya hecha en alguna tienda especializada en comida mexicana y preparar solo los rellenos. 

A la hora de montar los tamales tendréis que colocar una porción de la masa en la hoja de plátano o de maíz (más aromática la primera), poner el relleno deseado (existen herramientas de cocina diseñados específicamente para ello)  y cerrarlos como un paquetito, con un nudo que se suele hacer con hilo de estraza. Solo quedará cocerlos al vapor durante 45-50 minutos y servirlos con pico de gallo, salsa al gusto o solos. 

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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