Cómo preparar el mejor flan de huevo

El flan admite tantas versiones como imaginación tenga quien lo cocine. Pero, para que todas sepan igual de deliciosas, es importante tener claras las bases de este postre.

flan de huevo
Flan de huevo (Foto: iStock)

De café, turrón, naranja  y hasta de dulce de leche, el flan admite tantas versiones como imaginación tenga quién lo cocine. Y bien elaboradas están todas buenísimas, ojo. No se le dice que no a ninguna de ellas, ni mucho menos, si eres un amante de este postre centenario. Pero a la hora de la verdad, cuando nos viene ese deseo irrefrenable de recordar aquellos años de la infancia en los que jugábamos a comernos sin manos el flan casero de la abuela ante el cabreo del abuelo y las risas y complicidad de los jóvenes de la mesa, ya fueran hermanos o primos, el que te pide el cuerpo es el de siempre, el clásico, el de huevo. 

Parece mentira que algo gelatinoso, viscoso, de dudosa apariencia incluso, pueda estar tan bueno, ¿verdad? Pocas formas mejores se nos ocurren de acabar una buena comida que con un flan de huevo, una receta que une lazos entre los comensales: bien por nostalgia o bien por sabor, nadie le dice que no a un buen flan. Eso sí, como todos los platos que se elaboran con pocos ingredientes, es imprescindible no fallar en su elaboración.

Con un flan no hay forma de esconder los defectos. O está sublime o son calorías ahorrables. No hay término medio. Y lo malo es que siempre genera expectaciones altísimas antes de ser servido, así que a poquito que le falte algo, el bajón generalizado está garantizado. Es un manjar dulce, pero también es un todo o nada, y para que no haya opción de que sea lo segundo, te damos a continuación las claves de cómo preparar el mejor flan de huevo:

Los ingredientes

El flan de huevo casero bien podría ser una alternativa a la trilogía mediterránea en versión dulce y con ingredientes que no solo están presentes en dicha región. Leche, azúcar y huevo son los tres pilares de una receta en la que merece la pena utilizar leche entera. El sabor y el cuerpo son distintos y ambos se notan para bien. No seas de esos que se toma un refresco light en su restaurante favorito de comida rápida...

La proporción

La textura es tan importante en un buen flan como el sabor, y para evitar que aparezcan en ella agujeritos o burbujas, es fundamental controlar al detalle las cantidades de azúcar y leche utilizadas. Cuando algo ya inventado está tan rico, lo más inteligente es copiarlo, de ahí que su fórmula mágica sea la de la receta clásica: por cada 4 huevos, 100 gramos de azúcar y miedo litro de leche.

A partir de estas cifras puedes buscar el punto que más guste, algo que mucha gente hace reduciendo el número de huevos o añadiendo yemas para darle untuosidad, pero en todas las variantes es obligatorio mantener una correcta proporción entre los tres ingredientes.

No hace falta calentar la leche

Esto era un paso clásico en el flan de la abuela porque las primeras recetas de flan así lo indicaban para pasteurizar la leche pero actualmente esto no es necesario y no aporta nada mejor hacerlo así. Es cuestión de gustos o manías, en todo caso.

La mezcla

No puede ser más sencilla, ya que apenas debes verter los tres ingredientes en un bol y mezclar con mimo para que no queden grumos y se ligue todo bien. Puedes hacerlo a mano o con la ayuda de la tecnología. Estos últimos son la única amenaza de este paso de la receta. Un consejo es que rompas los huevos por separado, no dentro del mismo bol, por si alguno de ellos se encontrara en mal estado; de este modo no tendrías que tirarlo todo.

El caramelo

flan de huevo con caramelo
El flan clásico con caramelo (Foto: iStock)

Hay quien prefiere añadir un toque de limón a la forma clásica de hacer caramelo, pero lo cierto es que solo es necesario agua y unas cucharadas de azúcar para hacer la versión líquida -puedes hacerlo seco, directamente sin agua-, que es la que, en nuestra opinión, mejor le va al flan. Es importante en este punto utilizar el caramelo en cuanto adquiere el tono dorado que todos tenemos en la cabeza. Directamente del cazo sírvelo, con cuidado, por encima del molde -o moldes, dependiendo del tamaño que utilices para el flan- en el que hayas vertido la mezcla del flan, y distribúyelo por toda la superficie.

Al baño María

El flan se hornea al baño María porque el agua que lo envuelve permite que se cocine a temperatura uniforme. Cubre con ella hasta la mitad del molde y tapa los moldes con una fina película de papel film o aluminio para evitar que se que dore demasiado y se haga costra.

Tiempo y temperatura del horno

Es el punto más difícil en el que generalizar porque depende mucho de las prestaciones de cada horno. Si tienes poco tiempo y no te preocupan las imperfecciones, con 45 minutos 190 grados sería suficiente, aunque para evitar las burbujas y que salga uniforme es mejor hornearlo más tiempo a menos temperatura. A partir de una hora a 140 grados debes vigilarlo porque podría estar listo en cualquier momento. Eso s la temperatura que elijas es la que debes mantener durante todo el tiempo que permanezca el flan en el horno.

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