Hay más tipos de tarta de queso que días de la semana para probarlos

Poca gente rechaza a este postre que ya es un clásico en las cartas de los mejores restaurantes, pero la brecha se palpa cuando toca discutir las preferencias de cada uno.

Con la tarta de queso el debate ya no reside en si gusta o no gusta. Este está más que superado, ya que se ha convertido en el típico postre que se echa mucho en falta cuando no aparece en una carta de un buen restaurante. El debate con este receta radica en su forma, y es que hay más tipos de tarta de queso que días de la semana para probarlos. 

En los últimos tiempos, ha sido la versión “semilíquida” la que ha irrumpido con fuerza para hacer tambalear algo que parecía inamovible: que esta es una tarta que tiene que presentarse cuajada. Pero esto ha hecho que también tomen posiciones los fans de las tartas más clásicas, como esas que se sirven con base de galleta y mermelada de frutos rojos por encima. 

La intensidad del debate ha ido escalando hasta un punto en el que nos hemos preguntado por qué tipo de cheesecake te decantarías tú si solo pudieras escoger una. Pero antes de que respondas, por si todavía no has probado alguna versión que se pueda encontrar con relativa facilidad, te vamos a recordar cuáles son los cinco matices de este dulce que las permiten que existan tantas versiones distintas las unas de las otras. 

Cómo cocinarla

Tarta al horno
Tarta al horno (Foto: iStock)

Hay dos formas fundamentales de hacer una tarta de queso: en el horno o en frío. Nada tienen que ver la una con la otra, ni siquiera la temperatura a la que sirven. Generalmente, es más difícil de elaborar una tarta de queso al horno perfecta que una en frío. Entre otras cosas, porque se suele jugar con más mezcla de sabores. Dependiendo de la receta, al horno llevará algún ingrediente especial como chocolate blanco, limón o leche condensada. Las frías, en cambio, necesitan gelatina o cuajada, algún tipo de coagulante que asiente a la tarta al enfriar.

Tipo de queso

Las tartas de queso que se sirven frías de las que se cocinan en el horno se parecen muy poco en la elaboración por mucho que lo hagan en la lista de ingredientes. Pero incluso en esta se notan las diferencias porque es habitual en las tartas de queso al horno que se utilice una pizca de alguna versión más potente de sabor. El queso azul o alguno que aporte un toque ahumado como el Idiazabal son sendas elecciones exitosas. En cambio, si las vas a hacer sin hornear, lo que mejor funciona es el queso crema, más suave, que se suele acompañar muy bien por los complementos de la tarta. 

Estado del interior

Semilíquida o compacta. El gran debate de nuestro tiempo en torno a la tarta de queso. Aunque hay de todo, las tartas frías son compactas en el 99,9% de los casos por la propia composición de la receta, mientras que al horno se puede jugar con el tipo de cocción. Al fin y al cabo, es similar a lo que se hace con el coulant de chocolate.

La base

Otro punto de fricción entre los devotos de la tarta de queso está qué poner en la base. Los menos la prefieren sin nada, casi como un flan o incluso un mousse, pero lo más habitual es que lleve base de galleta, especialmente en las recetas frías. La alternativa a esta es el bizcocho, pero si eres experta catadora en tartas de queso sabrás que esta es la más floja de las tres versiones. 

Toppings

tarta
Tarta de queso (Foto: iStock)

Si piensas en la clásica cheesecake neoyorkina -la que sirven en Eileen’s Cheescake, en Manhattan, es un espectáculo-, te viene a la mente la confitura de frutos rojos, pero esta es habitual únicamente en las recetas frías. Al horno, la tarta de queso casi siempre va sin capa superior. Y otras versiones libres de la primera la embadurnan en dulce de leche y otros productos similares.

De sabores

Es muy habitual, sobre todo en las frías, encontrar interpretaciones de este postre con dulces externos a él en su composición. De oreo, de dulce de leche, de café, etc. La lista es interminable y, aunque son muy adictivas también, se alejan bastante del sabor original de la cheesecake. Eso sí, de vez en cuando, por cambiar, date un capricho.

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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