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Errores más habituales al hacer pasta que en Italia son considerados pecados

Repasamos ocho de los fallos más comunes a la hora de cocinar este ingredientes clave de la comida casera.

Pexels
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Vaya por delante: cada uno en su casa hace con sus recetas lo que quiere. Solo faltaba. Pero esto no quita para que de vez en cuando cometamos errores, ya sean voluntaria o involuntariamente, que rozan el pecado capital. Y si hay un producto por encima de todo al que los españoles solemos maltratar, ese es la pasta.

Si en Italia nos miraran con lupa cómo cocinamos la pasta en muchos hogares españoles, es posible que a los diez minutos les empezara a salir urticaria por todo el cuerpo. Y no lo decimos tanto porque mezclemos la salsa bolognesa con espaguetis en vez de con tagliatelle, hagamos (cada vez menos gente, afortunadamente) la “ carbonara” con nata” o porque se hayan puesto de moda las dudosas pastas de colores, sino por aspectos mucho más básicos que hacen referencia exclusivamente a la cocción de la pasta, no a la salsa.

Estos son los 8 errores más habituales al cocerla que rozan el sacrilegio. 

No se utiliza aceite ni hierbas

La pasta, al menos en la versión académica, “a la italiana” se cuece con agua en ebullición y sal. Nada más. Ni un chorro de aceite de oliva ni hierbas. Entre estas últimas, solemos pecar los españoles con el laurel. El aceite y la pasta se llevan bien, pero en crudo, después de cocerla. 

No se hierven las láminas de la lasagna

Este fallo está superextendido en nuestro país. ¿Te has preguntado alguna vez al hacer lasaña casera por qué se te pegan siempre las láminas de pasta? La respuesta es sencilla: porque no se deben cocer. No es necesario hacerlo.  

Al dente, no chiclosa

Si en el paquete el fabricante te da una referencia es por algo. Algunas marcas, sobre todo las nacionales, incorporan una doble referencia: el tiempo que hace falta cocer la pasta para que esté al dente y el que hace falta para que se ablande y, por lo tanto, se pase. Siempre al dente, incluso un minuto menos de lo que dice el fabricante porque entre que la escurrimos y enfriamos, la cocción continúa. Por cierto, dicen los expertos que cuanto más tiempo de cocción necesite la pasta para estar al dente mejor será la calidad de su trigo.

La sal tiene su momento

Mucha gente echa la sal al agua de la cocción al principio y otro tanto ni siquiera la echa hasta que no la mezcla con la salsa. Pues bien, lo ideal es añadir la sal cuando el agua de la cocción entra en ebullición. La cantidad adecuada, entre ocho y diez gramos por cada litro de agua.

La cantidad de agua ideal es…

Otro fallo muy habitual es cocer la pasta en poca agua o bien mucha agua pero en un recipiente demasiado pequeño, sin espacio para la pasta. Aunque no hay una fórmula matemática al respecto, hay que calcular un litro de agua por cada 100 gramos de pasta, y siempre en un recipiente espacioso.

No se remueve la pasta nada más echarla

Otro fallo clásico. Seguro que te suena, ¿verdad? La pasta no se remueve nada más echarla porque se puede romper al estar todavía dura. Se debe esperar un poquito, alrededor del minuto, para moverla lo suficiente para que no se pegue. Y no importa si remueves de nuevo alguna vez durante la cocción, pero siempre con delicadeza y sin excesos.

No se baña en agua fría

Cuando la pasta se quita del fuego es interesante enfriarla para cortar la cocción, que de lo contrario seguirá. Pero esto no implica que haya que bañarla en agua fría, como si fuera una piscina. Es más, si la salsa está lista, como debería ser en un buen plato de pasta, no hace falta ni siquiera enfriarla porque basta con cogerla con la espumadera y pasarla directamente al recipiente donde esté la salsa esperando.

Nada de tapar la olla

La pasta se cuece con la olla destapada. No hay discusión al respecto. Solo se tapa, en todo caso, para que el agua cueza más rápido, pero una vez entre en ebullición y se eche la pasta, siempre destapada.

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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