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Falafel: cómo prepararlos en casa

Esta elaboración vegana de origen árabe hecha a base de habas secas y garbanzos es fácil de preparar.

Pexels
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A veces da la sensación de que la comida vegana sea un invento reciente de la civilización pero cuando uno se para a pensar un poco se da cuenta de que ni mucho menos es así. Uno de los ejemplos más ilustrativos son las hamburguesas elaboradas a base de legumbres, verduras y cereales, un concepto tan antigua como el falafel, un clásico de la cocina de cocinas con tanta personalidad como la egipcia y la libanesa.

Aunque su origen es incierto, parece que etimológicamente hablando hay cierto consenso en torno al significado de su nombre: la palabra árabe ‘ful’, que significa habas. Estas, en su versión seca, que es de color claro y no verde como las que quizá te vengan primero a la mente, son el ingrediente principal del falafel original, el elaborado en Egipto. 

Es en la cocina libanesa donde el uso del garbanzo para hacer esta receta popular aumenta hasta el punto de que hay versiones hechas solo a base de esta legumbre, versátil como pocas. Lo más habitual, sin embargo, es encontrar recetas que combinan ambos productos como ingredientes principales de la mezcla que da origen al falafel, que por mucho que la gente crea que son albóndigas porque a veces se sirven redondas, son esferas aplastadas porque así es la forma que tiene el molde con el que se cogen las porciones para echarlas en la freidora una vez hecha la masa.

Cuidado con la proporción y el tamaño

No hay por lo tanto una única receta del falafel porque al ser tan popular en los hogares y en las calles de Oriente Medio, prácticamente en cada familia hay una versión diferente. La clave, como ya te hemos avanzado, es que utilices habas secas y garbanzos, buenas hierbas aromáticas frescas y que el aceite esté muy caliente. Es aconsejable disponer del mencionado molde, que se puede encontrar en internet por un precio muy económico, porque no es una masa fácil de manejar con las manos. De hecho, antes resulta más sencillo y práctico utilizar dos cucharas y darle forma de quenelle al falafel con ellas. 

El falafel rico, además, no puede estar harinoso, así que es clave cuidar este aspecto además de la proporción entre habas y garbanzos. Un buen punto de partida sobre el que empezar a investigar en casa hasta encontrar vuestra versión ideal del falafel es utilizar 150 gramos de garbanzos por cada 450 gramos de habas

Paso a paso

  1. Remoja la noche anterior los garbanzos pero sin pasarte de agua para que no se sobrehidraten, pica una cebolla y prepara ajo en polvo, comino y un cuarto de un manojo de cilantro fresco aproximadamente, además de rabanitos y perejil, también fresco este último. No te olvides de la sal y tampoco del pan, elemento esencial para hacer un sándwich de falafel, que no falafel a secas, ya que así solo se llama a la elaboración principal de este fast food saludable de origen árabe.
  2. Tritura los ingredientes antes de incorporar las legumbres para ir buscando una textura gruesa, donde los distintos alimentos que utilizas se sigan diferenciando porque no buscamos una masa como las que suelen quedar con las citadas hamburguesas vegetales. De hecho, al no ser tan uniforme te costará cogerla, así que es conveniente enfriarla en la nevera unas horas para que facilite la tarea de hacer las porciones individuales antes de freírlas. Así también se intensificará la mezcla de sabores.
  3. Pon el aceite muy caliente y fríe cada falafel no mucho más allá de un minuto. No necesitan más tiempo.
  4. Para servir una versión auténtica del sándwich de falafel, sobre el pan, que puedes comprarlo hecho, tienes que colocar el falafel caliente, pepinillo, rabanitos picados, tomate y la guinda de la receta: la salsa tarator, que no es salsa de yogur sino una salsa tahini, hecha a base de sésamo como ingrediente esencial, con una pizca de limón. El sándwich de falafel auténtico no lleva salsa de yogur. Otro mito falso que se da por bueno en occidente por la adaptación de este tipo de recetas importadas de otras culturas gastronómicas, como ocurre con la comida china, sin ir más lejos.
Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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