Menú especial para celebrar San Valentín: un entrante, dos principales, un postre y un brindis

No hace falta recurrir a recetas cursis y horteras cuando se trata de preparar una cena con amor y cariño.

San Valentín ya está aquí de nuevo. Un año más, aunque esta edición del día de los enamorados no va a ser como las demás. Es la primera en la que las velas se encenderán más en casa que fuera, y donde el acto de amor no será invitar a cenar fuera a tu pareja, sino cocinar en su honor en casa. 

Ponerse a hablar de recetas ideales para San Valentín es complicado. Hay cientos de opciones, y también niveles de dificultad muy distintos, tantos como los que cada uno tenemos delante de los fogones. Habrá quien sea experto y quiera jugársela con algo muy especial y otros que prefieran pasar más tiempo brindando que cocinando, pero sin renunciar a un menú efectivo

No vas a encontrar en esta pequeña lista de recomendaciones que hemos hecho platos cursis y horteras. Lo sentimos si es lo que buscabas, pero de estos está internet lleno. Nosotros, simplemente, hemos elegido preparaciones que nos gustaría disfrutar en una cena especial como es la del 14 de febrero. Un entrante, un par de principales, versión fácil y difícil, un cóctel y, por supuesto, un dulce. 

Entrante

En los entrantes es donde más puedes lucirte sin complicarte la vida, o currándotelo un poquito más. En el primer vagón del tren, unas ostras, unos gambones a la plancha o una tabla de quesos variados con uvas y nueces siempre tienen un asiento reservado. Pero si quieres hacer algo más original, ¿por qué no pruebas, por ejemplo, a preparar la spanakotiropita, el plato griego del que hablamos recientemente?

Principal para los no muy duchos

Después de mucho pensar y debatir, nos quedamos con un plato rápido y sencillo, aunque es importante mirar bien qué receta seguir y luego clavar el punto de la pasta y de la salsa. Hablamos de una carbonara clásica. Con huevo, nada de nata, y con una pieza de carne de cerdo de calidad, por favor, aunque no sea guanciale. Sedosos, elegantes, sensuales incluso, ¡y muy ricos!

Principal para los que quieren arriesgar

Nos quedamos, sin duda alguna, con el solomillo wellington, una elaboración que supone un reto para cualquiera pero que bien hecho es insuperable. Un clásico que nunca falla ni pasa de moda.  Si no se ve mucho es porque es difícil de hacer, así que no hay mejor demostración culinaria de amor que esta. Y encima tienes la suerte de que uno de los restaurantes que mejor lo prepara en España, Lakasa, te lo pone fácil aquí para aprender.

Un postre

No hace falta complicarse mucho la vida con el postre si llevas el resto del menú con el viento a favor. Tienes que rematarlo bien, no equivocarte por venirte arriba. Por eso, una buena tarta de queso es el valor seguro. Siempre invita a compartirla, que es parte del espíritu de San Valentín, compartir, y rara vez fallas con el sabor si escoges bien la receta. Al horno, fría, cuajada, semi o líquida, con o sin confitura y base de galleta. Haz la receta que consideres que os gustará más de las muchas que hay, pero clávala, por favor. 

Podríamos haberte recomendado hacer un sorbete de limón y así aciertas seguro, pero hay todo un universo por descubrir en esto de las bebidas para días especiales. La coctelería se trabaja poco en casa, y qué mejor que esta edición de San Valentín para hacerlo. 

Te damos una de las muchas ideas que puedes encontrar en la red para triunfar: un martini de maracuyá y frambuesa. Necesitarás simplemente 100 ml de vodka, una cucharada de licor de frambuesa y 50 ml de zumo de maracuyá. Un buen puñado de hielo, copas de martini frías y un trocito de fruta de la pasión (y un par de frambuesas bien presentadas) en la copa para poner la guinda, ¡y a brindar por el amor!

 

 

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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