Platos más famosos de la cocina mexicana que deberías probar

Te ayudamos a diferenciar entre las elaboraciones similares con base de tortilla de maíz y añadimos a la lista algunos platos menos conocidos que son auténticos placeres para los sentidos.

Cocina mexicana
Cocina mexicana (Foto: Getty Images)

Aunque podamos presumir de tener uno de los recetarios más completos del planeta, está genial mirar siempre por el rabillo del ojo a otras culturas que pueden enriquecernos todavía más gastronómicamente hablando. China, Italia, Japón, India… Son muchas las cocinas a las que abrazar, entre las cuales también está, por supuesto, la de México, Hay guacamole y totopos -que no nachos-, mucho; tacos, muchos; enchiladas, para todos los gustos. Pero también un sinfín de platos originales y versiones regionales que son una maravilla.

Tendemos a estereotipar siempre que podemos con prejuicios: en el caso de la cocina mexicana, solo se habla de lo picante que es, pero poco de sus sabores fuertes, matices cítricos, y la base saludable sobre la que está construida su tradición, rica en vegetales, cereales como el maíz o legumbres como los frijoles. Estos son algunos de los platos más famosos y ricos que nos regala la gastronomía azteca.

Tacos, burritos y fajitas

Quizá hayas oído hablar de los antojitos mexicanos, los platos más famosos fuera de México de su cocina. Serían algo así como sus platos callejeros, y en ellos se vuelca mejor que en ningún otro plato la cocina popular. Entre ellos están los mediáticos archifamosos tacos, las conocidas fajitas y los adictivos burritos. Los tres tienen en común el uso de la omnipresente tortilla de maíz, pero hay detalles que los diferencian entre ellos: los dos primeros antojitos, tacos y fajitas, son muy similares también en los rellenos, casi siempre a base de verduras y carne, pero los tacos llegan servidos a la mesa con la tortilla doblada y las fajitas lo hacen sin montar.

Los burritos, en cambio, también se sirven ya hechos, pero la tortilla se cierra como por un extremo como si fuera un paquete y suele incluir frijoles, chile y más salsa que los tacos. Son bocados más grandes y contundentes. 

Los pozoles, los tamales y las enchiladas

Dentro de los antojitos también hay otros platos muy famosos de la comida mexicana que, sin embargo, no han extendido su popularidad al extranjero con tanta fuerza como los tres mencionados. Es el caso de los pozoles, los tamales y también las enchiladas, quizá el más conocido de estas tres recetas.

El pozole es una sopa de granos de maíz con trozos de cerdo o pollo hecha con mucha paciencia al fuego, como nuestros mejores guisos tradicionales. Se puede acompañar con infinidad de complementos; de hecho, suele variar dependiendo de la región. No falta nunca, de alguna variedad, el chile. 

Un tamal no tiene nada que ver con el pozole. Es una mezcla vegetal y cárnica que se sirve dentro de una masa de maíz horneada que se envuelve a su vez en una hoja de mazorca de maíz o alguna otra especie vegetal, pero no en la clásica tortilla en la que sí se sirven tacos, burritos y fajitas.

En las enchiladas, por su parte, sí que se usan las tortitas de maíz, que se bañan en en salsa de chiles y se sirven rellenas de algún guiso con carne, generalmente de pollo, y frijoles. Encima se sirve con algún acompañamiento, como por ejemplo el queso gratinado o la crema ácida, pero la variedad regional es enorme. 

Los chilaquiles

Un plato clásico de la cocina mexicana ideal para compartir son los chilaquiles, una base de totopos sobre los que se sirve una salsa de chile roja o verde. también pueden acompañar ingredientes como la carne de pollo o la de vaca, el queso e incluso el chorizo. Sería la versión más popular de lo que nosotros conocemos como “nachos con”, que solemos acompañar con queso o guacamole.

Chiles en nogada

Más allá de todos estos platios típicos de la gastronomía mexicana más callejera, hay recetas tradicionales que apenas han llegado a España. Un ejemplo son los chiles en nogada, un plato de temporada originario del estado de Puebla que se prepara mucho en México con la llegada de la fiesta nacional porque sus colores representan la bandera nacional: el verde del chile -relleno con un guiso de cerdo con frutas como la manzana y la pera-, el blanco de la salsa en nogada, una elaboración a base de nueces, queso y leche, y el rojo de los granos de la granada que bañan el plato antes de servirlo. 

Huevos rancheros

Otros platos populares menos conocidos que puedes disfrutar en un viaje a México son sus huevos rancheros, una preparación otrora clásica de los desayunos que ahora se toma en cualquier comida del día. Se hace rápido y está buenísimo porque no es otra cosa que huevos fritos con tortillas de maíz y una mezcla vegetal que puede variar de verduras: tomate, cebolla, chile, etc. Es una especie de pisto con huevo a la mexicana que también puede incluir frijoles o arroz. 

La cochinita pibil y el ceviche

Dos opciones más que nos vuelven locos dentro del recetario azteca y que sí te sonarán mucho: la cochinita pibil y el ceviche. Quizá te sorprenda que este último se prepare en México, pero así es, especialmente en las zonas costeras, como no podía ser de otra forma. Y es que, aunque los mexicanos tengan una dieta con una base consolidada de vegetales y cárnicos, los pescados también tienen su espacio en determinadas regiones. Los pescados utilzados suelen ser blancos y la explosión cítrica típica de la cocina mexicana se aprecia muy bien en estas elaboraciones.

Nada tiene que ver el ceviche con la cochinita pibil, un guiso originario del Yucatán que es un manjar para los amantes de la carne de cerdo. Esta, adobada con achiote, fruto local rojizo, se envuelve en hojas de plátano y se dispone en un horno de tierra, siempre y cuando se respeta la receta tradicional. Una salsa de cebolla morada con zumo de naranja agria y chile habanera es el toque final del guiso, que la versión más internacional de la cocina mexicana ha adaptado al formato taco, sirviéndola en una tortilla de maíz. 

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

Continúa leyendo