Dime cómo es tu jefe y te diré cómo actuar

¿Crees que el tuyo es único? Te equivocas, todos responden a unos parámetros comunes que los agrupan.

¿Crees que el tuyo es único? Te equivocas, todos responden a unos parámetros comunes que los agrupan. Leo Farache, autor de ‘Los diez pecados capitales del jefe’, te dice cómo tratarles.

 

El autoritario

Su especialidad es la presión. Todas sus directrices desembocan en un único razonamiento: ¡porque lo digo yo! y muchas empresas todavía creen que este tipo de jefe mejora la productividad. Por su carácter irritable y cambiante, hace que la relación con él sea una de las más difíciles. ¿Cómo tratarle? “El jefe de ordeno y mando responde a los parámetros maquiavélicos. Por tanto, sólo respeta a aquel que se hace respetar y utiliza su mismo lenguaje con él o ella. La displicencia y la forma de ser abrupta despierta, curiosamente, cariño en este tipo de jefe”.

 

El engreído

Tú le hablas y él te mira… pero no te escucha. ¿Quién puede detenerse a escuchar a otros cuando en su cabeza fluyen ideas tan brillantes? Pagado de sí mismo hasta lo cómico, su imaginación le lleva con frecuencia a apropiarse de las ideas de los demás y a adjudicarse cargos ostentosos pero sin ninguna función definida. ¿Cómo tratarle? “Es fácil. Adelántate a él con frases como: ‘Tú que sabes tanto, ayúdame en esto’. O: ‘Jefe, ¿cuándo llegaré a ser como tú?’. Todo dicho con mucha seriedad aunque encierren una gran carga irónica”.

El paranoico

Para él sólo hay dos posibilidades: o estás con él o contra él. Está obsesionado con que sus compañeros critican todas sus decisiones y conspiran a sus espaldas. Y por eso su táctica es siempre la misma: juega a hacer de mamá gallina con su equipo y trata a sus subordinados como a sus polluelos. A cambio de esa protección, él les exige lealtad y ellos tendrán que seguir todas sus manías. ¿Cómo tratarle? “Para salir de ese atolladero hace falta estudiar bien la situación, echarle valor y exponer el mensaje con mucha confianza. Hazle recapacitar con voz pausada, tranquila, preguntándole si realmente cree que existe tanta gente mala a su alrededor como piensa”.

 

El demasiado blando

Si el capitán del barco es de los que se ahoga en un vaso de agua, la nave sólo puede ir a la deriva. Por eso un jefe que no sabe ejercer el liderazgo está considerado el cáncer de cualquier empresa. Si tu superior es de los que convoca reuniones para cualquier menudencia, cambia de opinión continuamente y vive sumido en un agobio constante derivado de su inseguridad, apresúrate a actuar para salvar la embarcación. ¿Cómo tratarle? “Dirigirse al jefe con sinceridad supone un riesgo, pero es la única manera de progresar. Inténtalo diciendo: ‘Me gustaría ayudar para que el equipo funcione mejor. ¿Me permites que haga unas sugerencias?’”.

 

Uno de cada cuatro empleados españoles considera a su jefe un total incompetente y la mitad cree que podría hacer mejor su trabajo, según un estudio de Monster.

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