Formas (elegantes) de dejar la empresa

Te vas porque quieres o te ‘invitan’ a irte. Da igual, porque el saber estar debe ir por delante incluso de las ganas de vengarte cuando tu marcha es por las malas. Al final, lo que cuenta es la huella que deje tu marca profesional.

Los puentes siempre tendidos

Siempre es posible abandonar el trabajo con estilo. Si lo haces voluntariamente (decides que la empresa ya no te puede aportar más, te ha fichado otra compañía o te vas a jubilar), el proceso es sencillo: tú sabes exactamente cuándo quieres que se produzca ese cambio. Es más complicado cuando te despiden por sorpresa: mantener el tipo en esas circunstancias es todo un arte. Para uno y otro caso, merece la pena seguir ciertos protocolos y ser cortés, aunque el cuerpo te pida todo lo contrario. Y es que puede sonar a tópico, pero el mundo ‘laboral’ es un pañuelo y nadie te asegura que no volverás a coincidir con ese jefe al que estabas deseando perder de vista. Por tanto, mantener los puentes tendidos es la regla número uno.

Si te vas voluntariamente

Informa primero al jefe. Debe ser la primera persona a quien le cuentes tus planes. No cometas el error de que se entere por algún colega ‘bocazas’. Prepárate para cuestiones como ‘¿por qué te vas?’, o para reaccionar ante una posible contraoferta.

Elige el momento adecuado. A no ser que en tu nueva empresa te pidan incorporación inmediata, demuestra responsabilidad y haz que tu abandono no coincida con puntas de trabajo. Un par de semanas de antelación es la cortesía mínima.

Prepara a tu sucesor. Ayúdale a conocer las tareas que tiene por delante. Es un detalle que, sin duda, contribuye a mantener desplegados los puentes con tu antigua empresa.

Si te despiden

Controla tus emociones. En un momento se agolpan un montón de sentimientos: rabia, tristeza, miedo, alivio. Hay que saber canalizarlos de una forma profesional y pensar que lo importante, a largo plazo, es proteger tu imagen y marca personal. Mantener la dignidad y la cabeza fría, sin victimismos, es el mejor consejo.

Deja tus asuntos ordenados. Si la empresa te da un plazo para abandonar tu puesto, actúa con responsabilidad y deja atados (en la medida de lo posible) tus asuntos pendientes. Si quieres dejar huella (recuerda: ¡el mundo es un pañuelo!), trabaja con entusiasmo hasta el último minuto.

Mantente al margen de chismes. Airear tu malestar y los trapos sucios de la empresa en redes sociales tras un despido es muy tentador, pero nada recomendable. Ten en cuenta que los futuros reclutadores suelen indagar en los perfiles públicos de los candidatos.

La nota de despedida

Enviar un correo electrónico para comunicar el adiós y agradecer a la empresa la oportunidad laboral (aunque hayan prescindido de ti) se ha convertido en un recurso bastante frecuente. Verónica Rodríguez Orellana, directora de Coaching Club, sugiere aprovechar ese momento para “realizar un proceso de cierre personal que incluya un pequeño balance del aprendizaje humano y de la experiencia laboral adquirida dentro de la organización”.

Verbaliza tus diferencias

Si una mala experiencia o una mala relación con un superior es la causa de tu marcha, voluntaria o no, ¿conviene que esa persona lo sepa? “Para la coach Verónica Rodríguez Orellana, “tanto si has decidido irte o han decidido por ti, es importante que puedas verbalizar tus diferencias, siempre desde el respeto y la tolerancia, y expresar cómo te has sentido, porque lo que no se dice queda dentro de nosotros de una forma inconclusa y no ayuda a generar aprendizaje. Recordemos dos cosas: todo conflicto trae implícito un aprendizaje personal y uno no se adapta a lo que no quiere. Estas dos premisas ponen de manifiesto la importancia de expresarnos como una vía para incrementar nuestra salud emocional”.

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