Vídeo de la semana

¡Horror! otra vez la fiesta de Navidad de la empresa

¿Voy o no voy a la celebración de la empresa? Esa es la cuestión que mucha gente se plantea cada Navidad, sobre todo cuando se recuerda cómo transcurrió la del año anterior: com­pañeros que bebieron en exceso, rumores infundados sobre la vida del jefe, meteduras de pata y cotilleos de toda índole.

Aunque la fiesta o la cena sea informal, los expertos coinciden en que conviene ir; pero no de cualquier manera, hay que cumplir determinadas reglas para no perjudicar nuestro futuro profesional.¿Quieres saber cuales?

Excusas para no ir: Por supuesto que a cualquiera le pueden surgir causas de fuerza mayor para no asistir, “pero, si no existen, no ir es un desaire hacia la empresa”, –opina Pilar Sánchez-Cano, directora de la consul­tora Protocolo Empresarial–. Es una forma de no agradecer la aten­ción que en ese momento quiere tener una compañía al convocar a sus trabajadores".

Hay que saber estar: El mero hecho de estar presente no es suficiente, también es importante saber comportarse. "La empresa necesita personas que sean cons­cientes de lo que hacen y lo que dicen, que controlen en todo momento. Por lo tanto no es recomendable que, por ejemplo, un empleado se relaje demasiado y se deje llevar por impulsos que puedan hacer que los demás compañeros, o su respon­sable, sientan vergüenza ajena", explica la experta.

Algo de qué hablar: Ten presente las reglas de cortesía en todo momento para que la fiesta transcurra en un ambiente distendido. Por mucho que parezca una buena ocasión no es el momento de pedir un aumento de sueldo o un cambio de departamento. “Ese día, las cuestiones de empresa se aparcan y se dejan para otra ocasión, porque lo que se pretende es unificar al colecti­vo. Es un deber ético que cada persona contribuya a crear bienestar evitando asuntos que puedan desanimar o crear tensiones" asegura Pilar Sánchez-Cano. En este sentido se recomienda no tratar determinados temas de conversación. Así que nada de política ni religión, pero tampoco conviene hablar de catástrofes o o desgracias personales "porque genera mal ambiente". También hay que procurar "no increpar a los compañeros o ridiculizar sus comentarios, ni ser protagonista en exceso o hacer pre­guntas comprometidas".

Cuidado con la bebida. Hay que tener cuidado porque demasiado alcohol combinado con un exceso de confianza en un evento festivo pero, al fin y al cabo, con gente del trabajo, puede acabar con la reputación de cualquiera. "Los emplea­dos deberían ser come­didos, porque la imagen que den y el resultado de la fiesta o la cena puede ir en con­tra de su prestigio y su categoría como profesio­nal", opina la experta. ¿Y qué puede ocurrir si se pierden los papeles? "Depende, pero si es una situación aislada y leve los jefes no deberían tenerlo muy en cuenta", puntualiza.

Por Raquel Mulas

Continúa leyendo