Cómo actuar con el perro cuando un bebé está en camino

Muchos padres se preguntan si su perro y el bebé que está en camino congeniarán o serán incompatibles. Te ayudamos a afrontar esta situación.

Es triste, pero es una realidad: cuando un bebé está en camino muchos perros son regalados o, en el peor de los casos, abandonados. Hay padres que tienen miedo de que el animal pueda resultar nocivo para el peque, que le agreda o le contagie alguna enfermedad. Es una idea que se debe descartar, porque un perro equilibrado, bien educado, que se sienta querido y que esté sano, será un gran compañero para el bebé. Si el niño es el primero en llegar al hogar y el perro lo hace después, no suele producirse ningún problema; si el perro estaba antes en casa es cuando pueden aparecer los celos.

Durante el embarazo

Nadie mejor que su dueño conoce el carácter y las posibles reacciones de su mascota, aunque siempre es conveniente que durante el embarazo se observe el comportamiento que tiene el perro. No hay que olvidar que los perros pueden llegar a ser muy intuitivos; por eso, si se nota una conducta extraña antes de que nazca el niño, se debe consultar con el veterinario o con un especialista en comportamiento canino para que nos dé unas pautas generales y también específicas para nuestro amigo.

¿Dónde están mis amos?

Mientras el bebé está en el hospital hay que procurar que el perro no esté solo en casa; déjalo con algún familiar y, si es posible, es bueno que alguien le lleve alguna prenda con el olor del bebé para que jueguen juntos con ella. De este modo asociará el olor del bebé con momentos agradables. Por supuesto, el animal debe estar correctamente vacunado y desparasitado, y no está de más hacer una visita al veterinario para comprobar su estado de salud y limar sus uñas para evitar que pueda arañar al niño sin pretenderlo. 

Hacer las presentaciones

Cuando el peque llegue a casa hay que presentárselo al perro lo antes posible. Así se le integra en la familia y se evita que el animal pueda desarrollar celos de algo que no conoce, que se le impide oler, del que se le mantiene alejado y que le relegará a un segundo plano en su atención diaria. Se trata de acercar el niño a la mascota para que le huela, pero evitando los lametazos. Este acercamiento debe producirse a diario mientras se acaricia al animal y se le dicen palabras cariñosas para que identifique al niño con situaciones agradables y se sienta importante. Pronto tenderá a cuidarlo y protegerlo de manera natural. La nobleza es una característica esencial de la raza canina y lo más natural será que admita al niño y lo respete del mismo modo que lo haría con su cachorro.

¿Y qué pasa con los gatos?

Estos animales son menos proclives a tener este tipo de problemas; los celos o el llamado instinto de posesión es menor y al mismo tiempo tampoco son mascotas que exijan un nivel de atención tan alto como el de los perros. No obstante, también es necesario evitar que el animal se pueda sentir rechazado porque, de lo contrario, el gato se apartará voluntariamente de la familia, se mostrará triste e incluso más arisco. Se trata de no invadir su territorio, respetar sus costumbres, no alterarlas y mantener el mismo trato con él que antes de la llegada del pequeño.

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