Compostaje para principiantes

Puedes reciclar una gran cantidad de los restos orgánicos que generas y, a la vez, obtener un excelente fertilizante ecológico para tus plantas y tus propios cultivos. Y ni siquiera necesitas un superjardín.

También en la ciudad

Compostar significa transformar los restos orgánicos (del jardín o el huerto o de nuestro consumo en casa) en un abono natural, rico en microorganismos y nutrientes y por tanto, estupendo para el suelo y las plantas. Celia Gosálbez, experta de Planeta Huerto explica que hay dos tipos: el compostaje (para transformar los restos de un pequeño jardín o huerto) y el vermicompostaje. Para una casa en la ciudad, con menos espacio y donde solo existan restos vegetales de la cocina, “es mejor instalar un vermicompostador”, opina. En este depósito, con ayuda de lombrices, “puedes obtener un abono de calidad para las macetas de la terraza o el balcón”, dice.

Pasos para empezar con el compostaje

Si compras un compostador ya fabricado (lo más sencillo), colócalo en un espacio cálido y abrigado; por ejemplo, cerca de una pared. En el fondo, pon una capa de material seco (ramas, hojas); encima, compost maduro ya hecho (estiércol, por ejemplo) y por último, alterna capas de materiales húmedos (hierba, restos frescos) con secos. “Una vez cada dos semanas, hay que airear la mezcla”, dice Gosálbez, y no dejar nunca que se seque. Sabrás que está listo (a los 4 o 6 meses) porque será oscuro y uniforme.

El vermicompostaje, muy similar

Si optas por el vermicompostador, colócalo en un lugar cálido y a la sombra. En la bandeja inferior “coloca un lecho de fibra de coco o cartón, donde vivirán las lombrices”, dice Gosálvez. Encima irá el sustrato, después las lombrices (mínimo, 500) y encima, los restos orgánicos (échalos poco a poco). Y ¡no vale cualquier lombriz! Debes comprar lombrices rojas de California. Son ellas las que remueven la tierra, así que no tendrás que hacerlo tú. Con este compostaje obtendrás dos productos: humus de lombriz, a los 2 meses, y un liquidillo, el lixiviado, que diluido en agua sirve también de abono.

Qué restos sirven

A las lombrices les encantan los dulces: melón, fresas...

Estos sí. Hierba fresca (de forma moderada), restos de frutas y verduras (casi nada de cítricos en el vermicompostaje), restos de poda, tapones de corcho (cortados en trozos), hojas secas, café, bolsitas de té, cáscaras de huevo (machacadas), pelo (humano o de animal), cereales y avena.

Estos no. Restos de barrido, vidrio, cartón a color, papel, colillas, ropa. Tampoco es conveniente, en el vermicompostaje, añadir cebollas, ajos, lácteos como el queso, carne o pescado, pues puede generar malos olores.

¿Malos olores?

Eso es que “algo se haciendo algo mal”, dice la experta. Es importante remover la mezcla y, en el vermicompostaje, partir los residuos en varios trozos y “echarlos poco a poco, en función de la capacidad de las lombrices” para comérselos. Los gusanos siempre esperarán unos días para empezar (cuando ya estén algo descompuestos).

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