4 buenos motivos para no ceder a sus caprichos

No comprarle siempre chuches cuando está en el parque o la último juguete de los chinos es algo más que un pequeño gesto. Conoce los cuatro motivos por los que frustrar es educar.

No comprarle siempre chuches cuando está en el parque o la último juguete de los chinos es algo más que un pequeño gesto. Conoce los cuatro motivos por los que frustrar es educar.

Entre los 2 y 4 años los niños empiezan a socializar, en el parque, con su familia, etc. Este periodo coincide también con sus primeras rabietas. Es la época más incómoda para los padres porque no podemos dar a nuestros hijos todo lo que quieren pero tememos su reacción ante una negativa, sobre todo cuando es en público o estamos muy cansados y estresados con nuestra vida diaria. 

Hoy nos cuesta más desilusionar a los niños debido a los cambios sufridos en nuestra sociedad. Los padres pasamos menos tiempo con nuestros hijos por el ritmo de vida, por el trabajo o también porque los que están divorciados no quieren problemas el tiempo que están con ellos. Sabemos que dar una respuesta negativa a un capricho del niño desembocará en una discusión, un enfado o una pataleta. Muchos adultos prefieren no pasar por ese rato incómodo que supone tolerar el enfado del niño sin perder los nervios hasta que se le pase. 

Conoce los cuatro motivos por los que no deberias ceder a sus caprichos:

 

1. Estarás generando un futuro tirano

Si no frustramos al niño de pequeño, si le consentimos todos sus caprichos, no madurará y se convertirá en el futuro en un dictador, un deprimido o un inadaptado. Ante la pregunta de “¿me lo compras?”, tendrías que cuestionarte si le vas a decir que sí para que se calle y te deje tranquila o porque de verdad se lo merece. Si lo haces para que te deje en paz y no le enseñas a aceptar una decepción, estás generando un futuro tirano. “Lo que de pequeño es un niño enrabietado, se convierte en un futuro en alguien agresivo que, para lograr lo que quiere, utilizará cada vez herramientas más agresivas”, explica la psicóloga Teresa Muñoz del Toro.

 

2. No conocerá los límites

Ni es bueno ceder en todo ni malo permitirle algunos caprichos. Este es el arte de educar, no hay reglas absolutas. “Si todos los niños en el parque están comiendo gusanitos, comprarle una bolsa al nuestro no es un crimen”, explica la experta. El problema surge cuando el pequeño quiere la bolsa de chuches en el parque, el helado de vuelta a casa y además una chocolatina después de comer. Muchas veces los niños piden únicamente para medir nuestros límites. Ellos mismos enseguida se recolocan si les dices que no porque en realidad saben que lo que han pedido no lo necesitan ni lo desean en exceso.

 

3. No tolerará los "noes mayores" que le lleguen en su etapa adulta

El adulto debe tomar conciencia de que la desilusión es necesaria para el crecimiento personal. Nos cuesta porque queremos a nuestros hijos y deseamos hacerles felices. Sin embargo, tenemos que ser conscientes también de que la abundancia crea ansiedad a los niños. No saben cómo manejar tanto regalo y eso no les permite desarrollar su imaginación. El niño debe aprender a tolerar los noes desde pequeño para que, cuando en la vida le llegue un ‘no’ mayor, ni se bloquee ni se ponga agresivo.

 

4. No aprenderá a saber decir que no

En la medida que un niño puede tolerar un ‘no’ también sabrá expresarlo. La gente incapaz de decir ‘no’ en muchas ocasiones tampoco escuchó un ‘no’ de pequeño.

Macarena

Macarena Orte

Continúa leyendo