Adolescentes. ¿Le Dejo Trabajar?

Aún está estudiando, es muy joven para tener un empleo serio, pero ya quiere ocupar su tiempo en verano y tener sus propios ahorros. Trabajar implica aceptar compromisos y responsabilidades, lo que les hará crecer como personas, y apreciar el valor de las cosas. La edad legal para empezar a trabajar, según el Estatuto de los Trabajadores, es a los 16 años y con el consentimiento paterno. Pero hay adolescentes que, antes de cumplirlos, ya quieren tener una ocupación, aunque se trate de tareas sencillas como cuidar a otros niños, poner un mercadillo, pasear al perro del vecino... ¿Es demasiado pronto?
MADUREZ NO SIEMPRE ES EDAD
Si este es vuestro caso, en lo que concierne a lo legal no debéis preocuparos. Al ser trabajos informales y no mediar contrato, “no se aplican las normas laborales. No habrá límites o impedimentos, más allá de las restricciones que los padres o familiares les impongan”, explica Javier Caparrós, director general de Trabajando.com.
Otra cuestión es vuestra indecisión y preocupación personal como padres. Vosotros deberéis comprobar que las condiciones del empleo son seguras para él, y además, que está preparado para afrontar este reto. ¿Y cómo saberlo? El ritmo de maduración de cada adolescente es diferente, pero según Jerónimo García Ugarte, tutor y miembro del Consejo Asesor de Superpadres.com, “la mejor manera de saber si nuestros hijos están preparados para su primer trabajo es hablar con ellos y, desde nuestra experiencia, ver cuáles son sus motivaciones reales y, sobre todo, tratar de ‘medir’ su capacidad de llevar adelante la responsabilidad y el compromiso que supone trabajar”.
LA RECOMPENSA DE UN EMPLEO
Es decir, aunque tu hijo esté listo para dar este paso, tu función es ponerle “los pies en la tierra”, y hacerle comprender el compromiso que conlleva esta decisión. Sobre todo en verano, “trabajar implica necesariamente una serie de renuncias que tiene que tener muy presente. Es muy importante que si nuestros hijos asumen esta iniciativa la lleven adelante y no abandonen a la primera dificultad”, advierte el profesor García Ugarte.
Por otro lado, un primer empleo ofrece muchas ventajas. Además del desarrollo lógico de su madurez y sus capacidades, el trabajo les puede aportar por adelantado valores importantes: aprender a gestionar su dinero, apreciar el valor de éste y ver en primera persona lo que cuesta (y lo que os cuesta a vosotros) ganarlo. Además, García Ugarte destaca “el desarrollo de competencias sociales y el trabajo en equipo, y de un modo muy especial, el compensar una carencia muy presente entre los adolescentes: la tolerancia a la frustración, el aprender a renunciar para cumplir con sus responsabilidades y saber disfrutar de la satisfacción del trabajo bien hecho”. Sobre todo si el empleo tiene que ver con sus gustos e intereses, como dar clases particulares o ser monitor de tiempo libre.
LOS NIÑOS SE HACEN MAYORES
En definitiva, hay que aconsejarles y sopesar con ellos esta opción, pero la motivación de un adolescente, las ganas de trabajar mientras mantiene sus otras actividades, son ya una buena señal. Como afirma el experto: “El miedo en los padres siempre es comprensible, como también lo es el aprender que no siempre podemos proteger a nuestros hijos al 100 %. El mejor modo de superarlo es comprobar que, la mayoría de las veces, es infundado”.
TRABAJAR DE NOCHE, NO
Aunque a partir de los 16 años es legal trabajar, Javier Caparrós indica que “hasta que no cumplan la mayoría de edad, tendrán restringidas ciertas actividades, como los trabajos nocturnos o los que sean declarados como insalubres, penosos, nocivos o peligrosos, para su salud o para su formación profesional y humana”. El profesor Jerónimo García Ugarte entiende y comparte esta excepción: “Los padres nunca deberían permitir que sus hijos entren en contacto y vean desde dentro un mundo que por edad psicológica no les corresponde aunque su desarrollo físico parezca decir lo contrario”.
Por: Alejandra Izquierdo.

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