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Agresividad, bullying y alcohol: cómo evitarlos

Son los grandes retos infantiles. En los últimos años ha aumentado un 120% los casos de familias que asisten a terapia por estos motivos.

Agresividad y bullying

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, un 24,8 % de los niños españoles entre 11 y 18 años sufren o han sufrido acoso escolar.

Verónica Rodríguez Orellana, directora y terapeuta de Coaching Club explica: “No tomar medidas para corregir estas conductas en edades tempranas, hace que los niños vayan adquiriendo un modelo de relación interpersonal tóxica y depredadora, basada en la fuerza y en la imposición, que va consolidándose con los años”.

Las consultas y terapias se incrementaron en el 2016 un 90 % sobre temas de agresividad y acoso en edades comprendidas entre los 7 y los 17 años.

Detectar estos síntomas se vuelve en un factor clave para la prevención y lucha contra este acoso. La vuelta al colegio tras las vacaciones ya sean de verano, de Navidades o Semana Santa suelen ir acompañadas de la agudización de los síntomas. Enero y marzo y abril son épocas en las que mayor atención se debe prestar al estado anímico de los menores.

¿Cómo detectarlo en casa?

Existen algunas actitudes comunes entre los niños que sufren este tipo de acoso. Podrás detectarlo en los menores cercanos a ti cuando:

  • Note un especial cambio de conducta en el niño/adolescente.
  • La víctima no quiere asistir a clase.
  • Sufre el Síndrome del domingo por la tarde.
  • Notas que tiene golpes y moratones injustificados.
  • Muestra un alto grado de irritabilidad y nerviosismo.
  • Experimenta cambios de carácter.
  • Presenta tristeza injustificada.
  • No tiene ganas de ver a sus amigos ni de salir de casa.
  • Pérdida de objetos, por ejemplo, pérdida del dinero que les das para el recreo.
  • Padece cefalea y dolores abdominales.

Problemas con el alcohol

Cada vez es más fácil acceder al alcohol llegando en casos trágicos, como se ha visto recientemente, a desenlaces fatales y muertes o comas etílicos.

Los adolescentes ven en el alcohol un billete en primera clase a la desinhibición, a la osadía, a la distensión; en suma a la libertad sin barreras, lo cual constituye toda una fascinante tentación.

Como todas las drogas, el alcohol tiene un efecto diverso y variable sobre la personalidad y no solo sobre el organismo. Hay quien se pone eufórico, hay quien se marea, hay quien siente mucho sueño, hay quien se pone divertido y se acerca a la persona que le gusta; también hay quien, por contra, se pone agresivo y se pelea hasta con los amigos a los que más quiere.

Para evitar que nuestros hijos beban tenemos que implantar desde que son niños una serie de normas y límites en nuestro hogar así como fomentar la comunicación con nuestros hijos. Trabajar con ellos su autoestima también les ayudará a saber decir no cuando les ofrezcan alcohol.

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