Apatía adolescente, combátela

¿Se pasa el día ante la tele , con la tablet o los videojuegos y nada parece interesarle? Intenta que se abra al mundo.

¿Se pasa el día ante la tele, con la tablet o los videojuegos y nada parece interesarle? Intenta que se abra al mundo, pero sin forzarle.

 

Adolescencia viene de adolescere, crecer, un verbo que implica dinamismo, cambio, desarrollo. Aunque a veces nadie lo diría: es habitual oír a padres de adolescentes quejarse de que su hijo no se mueve por nada, pasa las horas muertas en un estado apático –ya sea tirado en el sofá delante del televisor o encerrado en su dormitorio y entregado a las redes sociales– y no da muestras de interesarse en algo que no sea su propio ombligo. ¿Es un rasgo común a todos los adolescentes o hay que preocuparse? ¿Y qué podemos hacer para ayudarle?

Una época de crisis

 

Los procesos de búsqueda de la propia identidad en la adolescencia (sobre todo a partir de los 15-16 años) suelen ir acompañados de un sentimiento de angustia y desmotivación. Es una etapa crítica en la que las seguridades de la infancia desaparecen: aprender a tolerar las frustraciones y los fracasos no es fácil y puede llevar al adolescente a refugiarse en sí mismo, a adoptar actitudes apáticas o cínicas frente al mundo que le rodea.

 

Cierta dosis de abulia es inevitable, pero cuando ésta se convierte en una desgana absoluta sí puede ser la señal de alarma que delate el principio de una depresión: si tu hijo no estudia ni trabaja ni se relaciona, no dejes que las cosas vayan demasiado lejos y pide ayuda.

 

Enséñale a implicarse

 

¿Qué puedes hacer para que se sacuda el desánimo y reaccione? Desde luego, imponerle actividades que rechace con fuerza no es el camino. Tampoco, andar todo el tiempo quejándote de su actitud y comparándolo contigo (“yo a tu edad…”).

 

Si quieres ponerte como ejemplo, que sea de obra y no de palabra: está demostrado que los hijos adolescentes respetan e imitan a los padres que hacen lo que tienen que hacer (en el trabajo, en casa, en el tiempo libre…) y que cumplen sus promesas (castigos y premios, límites y libertades), no a los que sermonean y dan órdenes sin practicar lo que predican. Si no te ve nunca coger un periódico o un libro ni salir de excursión, no te tomará en serio cuando pretendas que él debe leer o disfrutar de la naturaleza.

 

Escúchale cuando te hable de algo que le interesa o le preocupa, aunque a ti te parezca intrascendente. Estimula sus inquietudes vocacionales por pasajeras o poco sólidas que parezcan: si lo despachas con frases como “no tengo tiempo”, “o sea que ahora te ha dado por ahí” o “vaya cosas que se te ocurren”, te pagará tu indiferencia con la suya y se sentirá desorientado.

 

Por el contrario, si respetas sus opciones personales al tiempo que le muestras la cantidad de alternativas que tiene para elegir –de ocio, de participación ciudadana, de formación…–, le harás más fácil el camino para que se abra al mundo. Puedes ponerle en contacto, según sus intereses, con asociaciones culturales, programas de cooperación y solidaridad para jóvenes, foros de nuevas tecnologías, etc.

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