Apegado a su muñeco

Puede que tu hijo no se separe de su osito de peluche, su chupete, la manta de su cuna o incluso de tu guante de lana.¿Quieres saber qué significa?

Puede que tu hijo no se separe de su osito de peluche, su chupete, la manta de su cuna o incluso de tu guante de lana. ¿Quieres saber qué significa?

 

Los psicólogos los llaman objetos de transición. Es normal que muchos niños se aferren a ellos porque su contacto les aporta consuelo y seguridad.

 

Con su osito, chupete, o mantita a todas partes

Quiere llevar su muñeco a la guardería, comer a su lado y que le acompañe a casa de los abuelos pero sobre todo no puede prescindir de él a la hora de dormir. Quizá esta es la situación habitual que vives con tu pequeño y ya no sabes qué hacer, porque piensas que no debe de ser muy bueno para él.

 

Sin embargo, los expertos dicen que no sólo es conveniente sino, a veces, necesario para su correcto desarrollo psicológico. «Este objeto llega a adquirir una importancia vital para el bebé en el momento de ponerse a dormir, es una defensa contra la ansiedad», dice la psicóloga Nélida Haedo.

 

De ahí su nombre: objeto de transición o de consuelo, término que acuñó el psicoanalista inglés Donald Winnicott para referirse precisamente «al espacio que el bebé necesita para renunciar a la posesión omnipotente de su progenitora, conservando algo de la seguridad que ésta le proporciona».

 

Según este estudioso, el objeto de transición representa el pecho materno, por eso el más común es el chupete. Si, a la larga, se mantiene, puede convertirse en un objeto fetiche y persistir como una característica de la vida sexual adulta. 

Suaves y con el olor de mamá

Los objetos de consuelo o transición suelen ser suaves al tacto (peluches) y asociados a la cama o al sueño (mantas de lana, la punta de un edredón); también pueden estar relacionados con el hecho de succionar (chupete) u oler (un guante con el perfume de mamá) y por eso, a veces, los niños rechazan el objeto cuando se ha lavado porque pierde el aroma y la textura que les calma.

 

Los padres sienten la tentación de hacerlos desaparecer, sobre todo cuando están muy manoseados, pero es un error, según la psicóloga Nélida Haedo: «Es importante que lo respeten y sean conscientes del significado que tiene para el niño», dice. Y añade: «No hay edad para retirarlo, el pequeño lo dejará paulatinamente cuando pierda su función».

 

Desde los 4 meses

Winnicott, autor del término 'objeto transicional', dice que este comportamiento empieza en un periodo variable que va desde los 4 hasta los 12 meses, justo cuando los niños comienzan a sentir el alejamiento de la madre. Algunos no se desprenden de él hasta los 4 o 5 años.

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