Cómo cuidar a un prematuro

Uno de cada 13 bebés que nacen en España lo hace antes de la semana 37 de gestación. Son niños inmaduros cuya recuperación dependerá de su peso al nacer y de la semana en la que lo hicieron, pero también de los cuidados y mimos que reciban en casa durante sus primeros años de vida. 

 

Es cierto que estos partos han aumentado (un 13% desde el año 2001), pero nacer antes de la semana 40 no es sinónimo de que la vida de tu pequeño corra peligro o de que vaya a tener secuelas graves en un futuro. En realidad, y para tranquilidad de muchas mamás, hay que decir que la mayoría de ellos ni siquiera son ingresados en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. "Un 75 % de esos partos tiene lugar entre la semana 34 y 37, y casi todos estos bebés, tras pasar unas horas en observación, van a planta con su mamá. Si tu hijo ha nacido por debajo de la semana 34 entonces sí que tendrá que ser ingresado en esta unidad”, señala el dr. Vicente Roqués, Jefe de Neonatología del Hospital La Fe de Valencia.

 

El mayor riesgo lo tienen los que llegan al mundo antes de la semana 28. “Tienen más probabilidades de tener secuelas; algunas graves como parálisis cerebral, sordera o ceguera y otras que pueden aparecer cuando el niño es más mayor, como el Déficit de Atención o el retraso escolar. Todo dependerá de la semana en la que nació, ya que a menor edad las posibilidades de tener secuelas aumentan”, explica el dr. Roqués.

 

La función de la incubadora

Los bebés que nacen antes de la semana 30 tienen su sistema respiratorio y digestivo aún inmaduro, además de problemas para mantener la temperatura corporal; por ello necesitan la ayuda de la incubadora, los respiradores y las sondas, que les alimentan cuando aún no tienen fuerza para mamar. Pero aún estando en su incubadora, es importante acariciar al niño para que note el calor de su madre y establezca cuanto antes un vínculo afectivo con ella. A veces hay riesgo de infección y no puede hacerse, pero cuando el bebé está estable se anima a los padres a practicar el Método Canguro. Se coloca al bebé desnudo -sólo con un gorrito, el pañal y una mantita- encima del pecho de los padres tanto tiempo como se quiera. “Los beneficios a la larga son muchos: les da estabilidad cardiorrespiratoria, tienen menos pausas de apnea, respiran mucho más tranquilos y favorece la lactancia materna”, indica el neonatólogo.

 

Lo mejor: la lactancia materna

Pero lo que mejor le vendrá para crecer y hacerse fuerte es la leche materna, ya que contiene las defensas que le protegen de las infecciones y reduce el riesgo de enfermedades intestinales. Muchas veces el niño es tan prematuro que aún no tiene el reflejo de succión. Entonces hay que extraerse la leche y dársela con una sonda, aunque siempre es bueno acercártelo al pecho para que se vaya acostumbrando y se estimule este reflejo.

 

Cuando pueda mamar por sí mismo, ya no necesite la incubadora para mantener la temperatura corporal, duerma en su cunita y pese entre 1.800 y 2.200 gramos, ya estará listo para dejar el hospital y llevártelo a casa. Allí es bueno mantener el ambiente más templado de lo habitual (unos 22 ºC) y tocarle para comprobar que sus manos y piernas no estén frías, pero no te pases con el calor, ya que en exceso le perjudicaría.

 

La higiene en un prematuro es muy importante, pero las primeras semanas es mejor no bañarle porque su piel es aún muy fina y delicada y podría producirle fisuras e infecciones. Pasadas esas semanas, ya se puede preparar un baño cada 4 días (lo aconseja la OMS) de unos 5 minutos y con jabón neutro. El resto de los días se le pueden pasar unas gasas estériles o un trapito suave y templado por la carita, la zona del pañal y los pliegues de la piel donde se acumulan restos de leche.

 

Por Verónica Palomo

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