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Cómo cuidar la vista de tu hijo

Detectar los defectos de graduación y vigilar conjuntivitis y orzuelos son aspectos prioritarios para que los pequeños de la casa tengas una buena salud visual.

Detectar los defectos de graduación y vigilar conjuntivitis y orzuelos son aspectos prioritarios para que los pequeños de la casa tengas una buena salud visual.

 

Muchas veces no es sencillo para los padres darse cuenta de que sus hijos presentan algún tipo de problema visual.

 

Problemas oculares como el estrabismo, la miopía o el astigmatismo pueden pasar por alto en los niños, y detectarlas a temprana edad es fundamental para tratarlas de manera adecuada y fomentar un correcto desarrollo de los ojos de los pequeños de la casa.

 

Además, las conjuntivitis y los orzuelos son el pan de cada día en los colegios y las guarderías. El Dr. Javier Hurtado, Director Médico de Clínica Rementería nos explica cómo detectar y prevenir estas patologías.

 

Revisiones periódicas

 

La gran mayoría de problemas de vista se pueden detectar y tratar desde muy temprana edad, de ahí la importancia de que los padres lleven a sus hijos a revisiones periódicas .

 

“Las complicaciones más comunes que puede presentar los más pequeños de la casa son los defectos de graduación, sobre todo la hipermetropía pero también el astigmatismo y, en menor medida, la miopía. Se calcula que en la Comunidad de Madrid, en el año 2023 habrá 374.028 niños por debajo de los 5 años de edad de los cuales 48.623 tendrán miopía, 282.129 hipermetropía y 98.743 astigmatismo”, explica el Dr. Javier Hurtado, Director Médico de Clínica Rementería.

¿Cómo reconocer los defectos de graduación?

 

Durante el curso escolar, puede ser más sencillo que los padres o profesores se den cuenta de los síntomas: el niño se acerca mucho a los libros cuando lee o dibuja, guiña los ojos cuando quiere ver con definición, se frota mucho los ojos, pierde interés por cosas que están lejos o tarda más en leer que sus compañeros de clase. “Si estos síntomas no se detectan a tiempo, los defectos de graduación en niños por debajo de los 12 años pueden producir un ojo vago de por vida.

 

Por tanto, la detección y el tratamiento son prioritarios sobre todo si hay antecedentes familiares de ojo vago, estrabismo, tratamientos con parches, cirugías oculares en la infancia o defectos de graduación”, advierte el Dr. Hurtado. Los defectos de graduación podrían detectarse en las revisiones médicas que tienen lugar en los propios colegios, siempre y cuando tuvieran disponible una máquina llamada autorrefractómetro, la cual permite saber la graduación aproximada que tiene un paciente.

 

“No hace falta un procedimiento muy complejo, ni se trata de graduar a un niño en dichas revisiones, pero estos aparatos pueden detectar la necesidad de llevar gafas y por tanto se le puede derivar a una consulta de Oftalmología”, explica el Dr. Hurtado.

 

Otros problemas oculares muy comunes

Los principales son los orzuelos, que se tratan fácilmente con antibióticos, y las conjuntivitis.

 

Éstas pueden ser víricas y se dan a lo largo de todo el año, o alérgicas, que se dan especialmente en primavera y otoño. Los dos primeros suelen contagiarse con mucha facilidad, especialmente en las guarderías y en los colegios donde los niños están en contacto constante unos con otros, mientras que el segundo tipo de conjuntivitis es simplemente una reacción alérgica que se manifiesta como picor y enrojecimiento de ojos.

 

El Dr. Hurtado de Clínica Rementería explica que “tanto los orzuelos como las conjuntivitis víricas suelen resolverse con antiinflamatorios y antibióticos en gotas durante aproximadamente una semana. En los niños hay que tener especial cuidado de que la infección no se extienda por detrás del ojo hacia la órbita, ya que de producirse hay un mayor riesgo de que afecte a la visión.

 

Las medidas de higiene para evitar el contagio y los lavados con suero fisiológico son los tratamientos más habituales”. En cambio, la conjuntivitis alérgica se suele tratar con colirios antialérgicos durante periodos de un mes aproximadamente, aunque siempre conviene consultar a un alergólogo si el niño tiene síntomas generales de alergia.

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